martes, 7 de mayo de 2013

X

Tenía el pulso saltado, la cabeza dándome vueltas y la boca reseca...

No, no habíamos hecho nada de lo que pudiéramos arrepentirnos luego, pero no podía creer cómo era capaz de ponerme en ese estado con simplemente hacerme rabiar. Tenía la adrenalina a tal punto que pensaba que si no hubiésemos estado en un lugar público me hubiera abalanzado sobre su cuerpo... a sabiendas de que no me pondría resistencia.

Él quería que lo golpeara, y cada vez que le hacía caso quería simplemente golpearlo aún más, y era idiota, enfermizo, ridículo... curiosamente excitante... podía sentir mi libido subir cada vez que él me acercaba a su torso para frenar mis golpes que él mismo incitaba y su hombría rozaba, no, se acariciaba con mi parte erógena, aún vestidos.

Quería seguir golpeándolo, soltábamos lascivia con cada golpe, con cada mirada, cada vez que me apretaba contra él intentando retenerme con fuerza, demostrándome la potencia de su masculinidad; y al parecer él quería seguir siendo víctima de mis puños que no podían hacerle daño, encontrando su diversión en el hecho de acelerar mi pulso, apresarme en sus brazos como hace tanto no hacía y buscar en mí - quizás - aquello que en otro cuerpo no puede encontrar.

Quisiera decir que me siento culpable por las sensaciones que ÉL me ha hecho sentir...

No, la verdad, es que no...