Y ahora tengo que obligarme a reprimir esta sensación que no conocía sino hasta hace una semana... Una semana exacta...
Mi ritmo cardíaco se acelera como estoy segura no había hecho desde que nací, porque irrelevante o no, nací con una arritmia cardíaca; mis manos tiemblan como si hiciera un frío que no he conocido ni en los peores inviernos, y mis dientes castañetean como intentando seguir ese compás descoordinado...
Mi cuerpo tiembla y un escalofrío me recorre entera. No, no baja sólo por mi espalda, sino que toma desde el primero de mis cabellos hasta la punta de mis pies y me da miedo. Mi respiración se agita de vez en cuando también...
Intento calmarme y convencerme de que las cosas podrían ser peor... pero no me convenzo, soy pésima en ello. Y sigo temblando...
Realmente no tengo miedo, siquiera podría describir la sensación que me posee en esos momentos de desesperación en que mi cuerpo parece tener vida propia y no sabe a dónde ir...
Nunca había sufrido una crisis de pánico, siquiera cuando mi padre estuvo en el hospital, demasiado grave como para que dijeran que un accidente como ese no lo cuenta dos veces... Pero ahora sí las sufro... y es una estupidez... o de eso debería convencerme, pero no puedo.
Soy otra vez yo, soy otra vez la culpable... y aún así no puedo hallar una solución... Porque simplemente no la hay... Porque no es problema sino más bien una encrucijada extraña y retorcida... ¿Cómo rayos es que sé exactamente cómo joderme la existencia en un abrir y cerrar de ojos?
Cuando pienso que todo está en calma y que mi vida no puede ser más jodidamente aburrida, siempre sé cómo traer a mí algo que me desencaje... Soy una masoquista, al parecer...
