miércoles, 10 de febrero de 2021

Deuda

Pensé que estaba lista para poner todo en su lugar y dejar de llevar todo esto cargándome el pecho y el alma. Estaba confiada de que apenas tuviera el momento, lo haría: dejaría de omitir para decir todo lo que he callado por media vida. Pero no. Aún tengo pánico, aún tengo miedo de las repercusiones, de perder lo que perderé, de remover lo que había dejado dormir por tanto tiempo.

Tengo miedo de despertar el oso que yo misma puse a dormir en el patio de la casa.

Pero lo haré, esa confianza no se ha ido, sólo que aún está dubitando en el dintel. Lo haré, porque sé que debo. Porque me lo debo.

martes, 24 de noviembre de 2020

Ansiedad

Todo el tiempo tengo sueño, menos cuando quiero dormir. No tengo hambre, pero no dejo nada en el plato. Estoy triste o preocupada la mayor parte del tiempo, pero nadie me ha visto una mala cara. Tengo unas incontenibles ganas de llorar, y aún así las lágrimas sólo caen esporádica y solitariamente en momentos de total oscuridad.

Estoy arrastrándome de un día al siguiente. Me pesan los pensamientos y las ideas sobre lo que viene. Quiero convencerme que todo estará bien después, que todo irá incluso mejor, pero ver para creer. Y todo lo que aún no ha ocurrido tiene esa capacidad asfixiante de contener en ello miles de posibilidades que nos pueden llevar a miles de universos paralelos, donde relaciones pueden volverse de piedra, donde relaciones pueden volverse polvo de estrellas.

La ansiedad ha consumido mi energía y todo me enoja. He perdido momentáneamente la empatía que le pido a los demás. Despiértenme cuando ya pueda hablar.

sábado, 14 de noviembre de 2020

Tercer Acto

Estuve bastante bien por un tiempo. Lo bien que puedes estar justo antes de que comience a llover en un extraño día soleado en pleno invierno.

Luego estuve refugiada. Una virgo siempre está preparada con un paraguas en su cartera. A pesar del sol, es invierno después de todo.

Pero el paraguas ya estaba en su último suspiro, y se rompió, se dio vueltas, y terminó en el basurero, y aún con la anticipación que pude haber tenido ante esta lluvia invernal, terminé empapada en mitad de la calle, con el paradero aún demasiado lejos como para alcanzar a salvar un poco mis ropas que, invierno y todo, no eran precisamente abrigadoras.

Dejando las metáforas de lado, he llegado a un punto sin retorno en el que he analizado todos mis puntos débiles, mis traumas, mis pesares y mis malos hábitos, y ahora sólo queda terminar de exponerlos, y el miedo me paraliza. Porque no es sólo miedo a las consecuencias, es la ansiedad de antemano la que me quiere comer por dentro. 

Llevo poco más de un año en terapia, y parece un trabajo sin fin en el que se te prohíbe empezar de cero. ¿Volver atrás? Im.po.si.ble.

Lo cierto es que tampoco quiero volver atrás, porque volver atrás y tomar el otro camino significa que continuar es seguir actuando, es seguir fingiendo que todo está bien, que todo siempre ha estado bien, que nada nunca me ha afectado, que nadie nunca me ha fallado porque nunca les di mi confianza para hacerlo. Porque esa es la idea que le vendí a todo el mundo, y la vendí tan bien que por un tiempo hasta yo me la compré.

La cruda verdad es que lo único que hacía era ponerme la máscara de fuerte, esa que se les hizo a todos tan fácil creer que era real, porque para ellos también era el camino fácil. "Pero si a ti no te da pena", "pero si a ti no te importa", "pero si tú eres realista", "pero si siempre prefieres hacerlo todo sola". Y cada vez que por alguna razón esa máscara se craqueaba, yo la estucaba, y el acto seguía.

Quiero dejar de actuar. 

El reloj ya está tiqueando los segundos en reversa. 

La cuenta regresiva al acto final.


lunes, 26 de agosto de 2019

La palabra con D...

Estoy tocando fondo. Quizás ya lo toqué y sólo me estoy negando a la realidad por un rato más. Alargando la agonía.

Los dolores de cabeza fueron la segunda advertencia. La primera fueron los pitidos agonizantes del año pasado. Y como la segunda demoró en llegar, la tercera podría tomar su tiempo, ¿no?

Pero, ¿qué hago esperando una tercera advertencia cuando tengo claro que si no hago algo la posibilidad de chocar con el iceberg de mis emociones es la misma del Titanic y sus consecuencias casi tan catastróficas? 

No es primera vez que estoy deprimida. Un gran porcentaje de la sociedad lo ha estado en alguna ocasión, no hay novedad en ello. Pero ahora mi cuerpo está haciendo un llamado de atención, supongo que ya no puedo seguir haciendo oídos sordos. 

Anoche, por primera vez, sentí que debía ponerle un título a las situaciones en mi vida. Tomé mi celular y cree una "lista de las cosas que no están bien en mi vida". Mi relación con mi hermana está rota. No encuentro un trabajo en lo que estudié. Siempre atraigo al tipo equivocado de hombres. Como resultado, estoy soltera y sola. Me siento aislada en el trabajo dos tercios del tiempo. Mi mamá necesita una cirugía que aún no tiene fecha. La lista posiblemente podría ser aún más larga, pero me limité a tomar nota sólo de la problemática actual.

Probablemente para alguien que no tiene relación con sus hermanos y sus padres han muerto, no tiene trabajo, y le cuesta llegar a fin de mes sueno como una niña mimada. ¿Tienes problemas con tu hermana? Arréglalos. ¿Trabajas en algo que no es lo que estudiaste y no te sientes a gusto? Cámbiate de trabajo. ¿Estás soltera? No eres la única y no necesitas a nadie. La cosa es que todo eso lo tengo claro, y aun así, no puedo evitar sentirme sobrepasada e incapaz de cambiar mi situación. Aunque he de reconocer que es extraño que mientras tecleo esto no me den ganas de llorar cuando es lo único que he sido capaz de sentir en las últimas semanas.

He perdido toca capacidad de sentir alegría. Me levanto con intenciones de optimismo todos los días, y las pierdo en menos de dos horas. Las acciones de los demás me golpean y me hacen sentir vulnerable, insegura, incapaz. Nada de esto es sano, y esa es la única razón, el haber reconocido la insanidad de todo, por la que he decidido buscar ayuda. Los doctores no pueden ayudarme más, mi cuerpo no está doliendo por sí mismo, sólo está haciendo de mensajero de los dolores que se originan en mi más profundo inconsciente y en mi consciente ahora, porque el anterior tocó tantas veces la puerta que ya la echó abajo, y se quedó en la habitación como el elefante incómodo esperando a ser notado.

A estas alturas me sorprende el poder hablar con tanta calma, que mi voz no salga estrangulada o rota desde mi garganta. Me sorprende aún poder frenar las lágrimas que se anegan en mis ojos con más frecuencia que nunca antes. Me sorprende mantenerme de una pieza cuando me siento hecha pedazos. 

Si hay algo dentro de mí aún, eso es fuerza. Y sé que no es mucha, pero además tengo las ganas de salir de esto. Mi cuerpo no puede más, yo no puedo más. Y si la fuerza solo me alcanza para hacer una cosa, eso que haré será pedir ayuda.

miércoles, 26 de junio de 2019

"Amigos"

La pregunta pende sobre ambos cada vez que nos vemos. ¿Podemos G. y yo ser amigos?

Probablemente la respuesta sea no. Hay demasiada química entre nosotros, lo que no sería malo si no fuera porque él tiene alguien que podría salir dañada.

Las amistades usadas en contra de una atracción son armas de doble filo. Ya lo viví con D., y con él sólo hice el intento en nombre de lo que alguna vez hubo entre ambos, resultó que esa fue peor idea que cerrarle la puerta en la cara. Nada pasó, mi temperamento y carácter ganando la partida, pero no sé si pudiera ser fuerte otra vez cuando las circunstancias están aún más llenas de un "y si...".

Con D. no habían sorpresas, nada que pudiera decir o hacer me sorprendería, lo que me hizo quedarme era la costumbre de tenerlo cerca. Pero con G. las posibilidades son infinitas, y eso es mucho más tentador. Porque la historia entre G. y yo no tiene nada más que miradas, gestos y segundas intenciones en su bóveda. Nada palpable, nada que pese... nada que pueda sernos imputable. 

No, no podemos ser amigos cuando siempre habrán tantos caminos por los que podríamos desviarnos. Tantos atajos prometiendo una salida más rápida de las sensaciones que creemos tener. Y las buenas intenciones han pavimentado por milenios el camino al infierno. No podemos arriesgarnos.