Estoy tocando fondo. Quizás ya lo toqué y sólo me estoy negando a la realidad por un rato más. Alargando la agonía.
Los dolores de cabeza fueron la segunda advertencia. La primera fueron los pitidos agonizantes del año pasado. Y como la segunda demoró en llegar, la tercera podría tomar su tiempo, ¿no?
Pero, ¿qué hago esperando una tercera advertencia cuando tengo claro que si no hago algo la posibilidad de chocar con el iceberg de mis emociones es la misma del Titanic y sus consecuencias casi tan catastróficas?
No es primera vez que estoy deprimida. Un gran porcentaje de la sociedad lo ha estado en alguna ocasión, no hay novedad en ello. Pero ahora mi cuerpo está haciendo un llamado de atención, supongo que ya no puedo seguir haciendo oídos sordos.
Anoche, por primera vez, sentí que debía ponerle un título a las situaciones en mi vida. Tomé mi celular y cree una "lista de las cosas que no están bien en mi vida". Mi relación con mi hermana está rota. No encuentro un trabajo en lo que estudié. Siempre atraigo al tipo equivocado de hombres. Como resultado, estoy soltera y sola. Me siento aislada en el trabajo dos tercios del tiempo. Mi mamá necesita una cirugía que aún no tiene fecha. La lista posiblemente podría ser aún más larga, pero me limité a tomar nota sólo de la problemática actual.
Probablemente para alguien que no tiene relación con sus hermanos y sus padres han muerto, no tiene trabajo, y le cuesta llegar a fin de mes sueno como una niña mimada. ¿Tienes problemas con tu hermana? Arréglalos. ¿Trabajas en algo que no es lo que estudiaste y no te sientes a gusto? Cámbiate de trabajo. ¿Estás soltera? No eres la única y no necesitas a nadie. La cosa es que todo eso lo tengo claro, y aun así, no puedo evitar sentirme sobrepasada e incapaz de cambiar mi situación. Aunque he de reconocer que es extraño que mientras tecleo esto no me den ganas de llorar cuando es lo único que he sido capaz de sentir en las últimas semanas.
He perdido toca capacidad de sentir alegría. Me levanto con intenciones de optimismo todos los días, y las pierdo en menos de dos horas. Las acciones de los demás me golpean y me hacen sentir vulnerable, insegura, incapaz. Nada de esto es sano, y esa es la única razón, el haber reconocido la insanidad de todo, por la que he decidido buscar ayuda. Los doctores no pueden ayudarme más, mi cuerpo no está doliendo por sí mismo, sólo está haciendo de mensajero de los dolores que se originan en mi más profundo inconsciente y en mi consciente ahora, porque el anterior tocó tantas veces la puerta que ya la echó abajo, y se quedó en la habitación como el elefante incómodo esperando a ser notado.
A estas alturas me sorprende el poder hablar con tanta calma, que mi voz no salga estrangulada o rota desde mi garganta. Me sorprende aún poder frenar las lágrimas que se anegan en mis ojos con más frecuencia que nunca antes. Me sorprende mantenerme de una pieza cuando me siento hecha pedazos.
Si hay algo dentro de mí aún, eso es fuerza. Y sé que no es mucha, pero además tengo las ganas de salir de esto. Mi cuerpo no puede más, yo no puedo más. Y si la fuerza solo me alcanza para hacer una cosa, eso que haré será pedir ayuda.