lunes, 26 de agosto de 2019

La palabra con D...

Estoy tocando fondo. Quizás ya lo toqué y sólo me estoy negando a la realidad por un rato más. Alargando la agonía.

Los dolores de cabeza fueron la segunda advertencia. La primera fueron los pitidos agonizantes del año pasado. Y como la segunda demoró en llegar, la tercera podría tomar su tiempo, ¿no?

Pero, ¿qué hago esperando una tercera advertencia cuando tengo claro que si no hago algo la posibilidad de chocar con el iceberg de mis emociones es la misma del Titanic y sus consecuencias casi tan catastróficas? 

No es primera vez que estoy deprimida. Un gran porcentaje de la sociedad lo ha estado en alguna ocasión, no hay novedad en ello. Pero ahora mi cuerpo está haciendo un llamado de atención, supongo que ya no puedo seguir haciendo oídos sordos. 

Anoche, por primera vez, sentí que debía ponerle un título a las situaciones en mi vida. Tomé mi celular y cree una "lista de las cosas que no están bien en mi vida". Mi relación con mi hermana está rota. No encuentro un trabajo en lo que estudié. Siempre atraigo al tipo equivocado de hombres. Como resultado, estoy soltera y sola. Me siento aislada en el trabajo dos tercios del tiempo. Mi mamá necesita una cirugía que aún no tiene fecha. La lista posiblemente podría ser aún más larga, pero me limité a tomar nota sólo de la problemática actual.

Probablemente para alguien que no tiene relación con sus hermanos y sus padres han muerto, no tiene trabajo, y le cuesta llegar a fin de mes sueno como una niña mimada. ¿Tienes problemas con tu hermana? Arréglalos. ¿Trabajas en algo que no es lo que estudiaste y no te sientes a gusto? Cámbiate de trabajo. ¿Estás soltera? No eres la única y no necesitas a nadie. La cosa es que todo eso lo tengo claro, y aun así, no puedo evitar sentirme sobrepasada e incapaz de cambiar mi situación. Aunque he de reconocer que es extraño que mientras tecleo esto no me den ganas de llorar cuando es lo único que he sido capaz de sentir en las últimas semanas.

He perdido toca capacidad de sentir alegría. Me levanto con intenciones de optimismo todos los días, y las pierdo en menos de dos horas. Las acciones de los demás me golpean y me hacen sentir vulnerable, insegura, incapaz. Nada de esto es sano, y esa es la única razón, el haber reconocido la insanidad de todo, por la que he decidido buscar ayuda. Los doctores no pueden ayudarme más, mi cuerpo no está doliendo por sí mismo, sólo está haciendo de mensajero de los dolores que se originan en mi más profundo inconsciente y en mi consciente ahora, porque el anterior tocó tantas veces la puerta que ya la echó abajo, y se quedó en la habitación como el elefante incómodo esperando a ser notado.

A estas alturas me sorprende el poder hablar con tanta calma, que mi voz no salga estrangulada o rota desde mi garganta. Me sorprende aún poder frenar las lágrimas que se anegan en mis ojos con más frecuencia que nunca antes. Me sorprende mantenerme de una pieza cuando me siento hecha pedazos. 

Si hay algo dentro de mí aún, eso es fuerza. Y sé que no es mucha, pero además tengo las ganas de salir de esto. Mi cuerpo no puede más, yo no puedo más. Y si la fuerza solo me alcanza para hacer una cosa, eso que haré será pedir ayuda.

miércoles, 26 de junio de 2019

"Amigos"

La pregunta pende sobre ambos cada vez que nos vemos. ¿Podemos G. y yo ser amigos?

Probablemente la respuesta sea no. Hay demasiada química entre nosotros, lo que no sería malo si no fuera porque él tiene alguien que podría salir dañada.

Las amistades usadas en contra de una atracción son armas de doble filo. Ya lo viví con D., y con él sólo hice el intento en nombre de lo que alguna vez hubo entre ambos, resultó que esa fue peor idea que cerrarle la puerta en la cara. Nada pasó, mi temperamento y carácter ganando la partida, pero no sé si pudiera ser fuerte otra vez cuando las circunstancias están aún más llenas de un "y si...".

Con D. no habían sorpresas, nada que pudiera decir o hacer me sorprendería, lo que me hizo quedarme era la costumbre de tenerlo cerca. Pero con G. las posibilidades son infinitas, y eso es mucho más tentador. Porque la historia entre G. y yo no tiene nada más que miradas, gestos y segundas intenciones en su bóveda. Nada palpable, nada que pese... nada que pueda sernos imputable. 

No, no podemos ser amigos cuando siempre habrán tantos caminos por los que podríamos desviarnos. Tantos atajos prometiendo una salida más rápida de las sensaciones que creemos tener. Y las buenas intenciones han pavimentado por milenios el camino al infierno. No podemos arriesgarnos.

martes, 12 de marzo de 2019

Desgaste...

Si me preguntan, seré de las primeras en decir que la felicidad no es algo duradero. La felicidad son momentos. No estamos destinados a ser felices sino a estar felices por tanto tiempo como nos sea posible.

Pero ahora no estoy feliz. Y lo peor, contenta tampoco estoy. 

Se agotaron mis chips de chocolates en esta gran galleta que es mi vida. Y no veo para cuándo una reposición.

Tengo un trabajo que dejó de serme atractivo, y que no es para lo que estudié, no me siento valorada y lo que es más, me siento disminuida y mirada en menos, sin importar mi disposición y lo bueno de mi trabajo. 

En mi área, la docencia, parece no haber trabajo para mí en el pronto plazo, no importa el número de currículums míos que ya están circulando por los diversos colegios en los que podrían emplearme. 

Mi relación con mi hermana en este momento es pésima, y si bien ella tiene la culpa, la terca soy yo. 

Perderé al cachorro que he estado cuidando por cuatro meses en unos días porque no tengo un lugar lo suficientemente amplio y existe una familia que podrá darle lo que yo no puedo. 

Y, una vez más, me encuentro en una situación en la que siento que no tengo a nadie a quién recurrir. 

Estoy cansada. Frustrada. Y todo lo anterior me estresa. Mi estado mental no es el óptimo y aún así intento quemar los últimos cartuchos a más de su máxima capacidad. Debo pensar en muchas cosas antes de tomar decisiones, pero no me siento con la capacidad ni el ánimo para pensar en nada que no sea yo. Porque al mismo tiempo nadie está pensando en mí.