martes, 25 de noviembre de 2014

Yo...

Hoy por la mañana leía una entrada de un blog que me encontré por ahí... bueno, no lo leí porque no tenía tiempo, pero le di un vistazo rápido y sólo con eso me dio algo en qué pensar cuando iba camino al paradero...

Cuando escribo aquí, ¿por qué no escribo de mí? O sea, sé que escribo sobre mí, sobre mis miedos, mis penas, mis rencores -la mayoría conmigo misma -, pero, ¿qué hay de lo que soy? ¿qué hay de lo que hago? ¿de la otra parte de mí?

Y la pregunta más grande: ¿por qué no, cuando el mismo nombre de este blog es: Lo que soy

Así que me decidí a escribir de mí, aunque sea una de las cosas más ególatras de la vida, pero lo haré igual, porque quiero y porque puedo... jajaja

Mmm... ¿Por dónde partir? 

Supongo que puedo partir por algo obvio: me llamo Francisca. 

Lo que no es obvio es lo gracioso -y frustrante -que es que para mis padres este nombre no tenga otro significado más que el nombre de su hija, y no, no lo digo sólo por quejarme. Me explico: mi hermana menor se llama Cristina Estefanía; Cristina por una de las doctoras que atendió a mi madre en el proceso del embarazo y Estefanía por la conocida Estefanía de Mónaco. Por otro lado, mi hermano menor se llama Joel Ignacio; Joel por ser el segundo nombre de mi padre, y además de que a todos nos gusta por no ser muy común, e Ignacio porque era el nombre del doctor que aparecía en una novela de aquellos años. 

¿Y yo? Mis nombres son Francisca Jamilet. ¿Anécdotas? Ninguna.

Para añadir un poco de gracia a los lectores -si es que sigue habiendo allí alguno (y esto es realmente broma pues tengo las estadísticas del blog y sé que alguien me lee, aunque no sé quién pueda leerme en U.S.) -, mi nombre lo eligió mi padre, mientras que los de mis hermanos los eligió mi madre. ¿Cuál es la gracia? Que cuando le preguntan a mi madre por qué nombró así a mis hermanos ella se larga a explicar lo que ya les he dicho, pero si le han de preguntar a mi padre, de dónde sacó mis nombres, él sólo dirá: No sé, me gustaban.

Digamos que para alguien a quién no le gusta quedar con preguntas sin respuesta, como yo, esto es bastante... frustrante.

Creo que al menos debo decir que tuve suerte de que en el Registro Civil escribieran Jamilet con J y no con Y... Eso sí hubiera dejado a mi papá en una situación bastante deplorable para con su hija mayor porque no se lo hubiera perdonado en la vida... Bueno, quizás exagero, pero de que hubiera intentado cambiármelo, lo hubiera hecho.

De todas maneras, y a pesar de mis quejas, me gustan mis nombres... a pesar de que nunca me llamen por ellos, o no al por completo. Suelen decirme: 
- Fran
- Frani (mis compañeros de U)
- Franci (aunque esto sólo lo hace mi familia, y es tanta la costumbre que escuchárselo a alguien más me suena hasta ilógico)
- Nana (sólo mi hermano y mi hermana -cuando estamos en buenas relaciones -, así que si alguien más me lo dice, me lo tomaré a mal... jajaja)
- Freya (que es el sobrenombre que llevé toda mi enseñanza media y por el cuál aún algunas personas me llaman)
Freyanecia (bifurcación del anterior inventada por una amiga y, de hecho, el nombre de usuario para redes sociales como twitter, instagram y otros)
- Francisquita (esa es mi mamá o alguna de mis tías cuando quieren algo, jajaja)
- Entre otros que por alguna razón no me acuerdo en estos momentos...

Puede que se pregunten cuál es la relevancia de esto... la respuesta es que ni yo lo sé, pero lo quería contar, como para empezar por algún lugar...

Y supongo que, eso... por ahora. 

jueves, 20 de noviembre de 2014

(Malos) Recuerdos...

¿Cuántas veces duele un golpe, una herida, el daño?

Cuando lo recibes. Cada vez que lo recuerdas. Cuando lees la cita de un libro y te toca allí, justo en la herida que creías cerrada y limpia, pero que no habías notado que apenas había terminado de cicatrizar.

Yo estoy llena de ellas. Huellas. Marcas de guerra. No duelen, pero pesan. De esas que dan vergüenza y que no quieres que nadie vea. No como la línea diagonal en el dedo índice de mi mano derecha, la que conseguí por jugar con un cuchillo a los once, sino como la mancha amorfa de mi rodilla izquierda, la que me hice al enterrarme una piedra cuando apenas tenía ocho. 

Y aún cuando la cicatriz en mi rodilla es horrible, aún así estas otras son aún peores. Creo yo. El hueco de estaca en pleno corazón que quedó al quitármela -no por mero gusto sino porque me vi en la necesidad -cuando tenía diecisiete, aquellos arañazos que sola me provoqué en la conciencia cuando tenía dieciséis, las mejillas rojas de cachetadas en la confianza cuando tenía quince, cuando tuve dieciocho, incluso hace poco, cuando aún podía decir "tengo veinte".

Todo el mundo sufre decepciones, pero quizás las mías se notan más porque escribo sobre ellas. Es mi vía de escape, de poder decir "ya, lo he soltado, puedo seguir adelante", sabiendo que aunque sigo adelante no significa que no las acarree conmigo. Soy melancólica quizás. Recordar los daños como algo que va más allá del mero hecho.

Experiencias les llaman.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Sentido común...

Allí estaba yo, caminando por Parque Bustamante después de haber vitrineado por todo Santiago. Decidí buscar una banca y sentarme a leer, divisé una pocos pasos más adelante así que seguí caminando. 

Como todo buen ser humano, mientras caminaba, miré alrededor.

A unos cinco metros, o menos, acostados en el pasto había una pareja atracando. Y digo atracando porque como ya he dicho estaban acostados, y se besaban como si no hubiera un mañana y más encima fuesen invisibles.

Les hubiera dicho que no lo eran, pero yo asumía que eso era obvio.

Estaba a punto de retractarme de mi idea de sentarme allí sólo por ellos, pero me daba más que pereza seguir caminando (había dejado los pies en el centro de la ciudad), así que de todas maneras me senté y saqué mi libro (Mala Onda de Fuguet, por si es necesaria la aclaración).

Iba en mitad de la página en la que había quedado cuando de pronto me paré en seco.

A ver, me dije, ¿quién tiene que sentirse avergonzado aquí? ¿Yo por sentarme cerca de una pareja de tórtolos que daban semejante espectáculo? ¿O ellos por estarlo dando?

Negué con la cabeza y me reí de mi propio cuestionamiento. La sociedad, concluí, es un rompecabezas armado al revés.

viernes, 10 de octubre de 2014

Números...

Soy una persona que por lo general se lo vive pensando... para mí el tiempo es mitad vivirlo, mitad pensarlo...

El asunto es que en las últimas semanas, de hecho, en las últimas dos semanas me entró el bichito por pensar en los estándares sociales sobre la edad... Por un lado porque en una clase estábamos viendo algo que tenía más o menos que ver, y por otro lado -siempre yo con mi egocentrismo -porque había estado pensando en mi soltería...

Claro, la pregunta es: ¿Qué rayos tiene que ver mi soltería en el asunto de la edad?

Sí, soy joven, acabo de cumplir mis veintiuno, estoy en la mitad de mi carrera -si es que la termino en los años que es debido -y tengo mil planes por cumplir... pero aún con eso -como es obvio -no me siento completa... ¿Qué falta?

Una pareja, que más que una pareja sería un partner... Y otra vez, ¿qué tiene la edad que ver en todo esto?

He aquí que a mi veintiuno estoy soltera hace más tiempo del que normalmente una chica de mi edad gusta de reconocer, pero no porque yo quiera estarlo o porque me haya faltado la personalidad para decir cuándo y quién me gusta -a la persona correspondiente claro está -, sino porque los hombres de mi edad no tienen cojones... o bolas... depende del lenguaje del lector el vocablo que le acomode, pero yo no retracto mi pensamiento, que al fin y al cabo con una u otra palabra es el mismo...

Como he sacado en conclusión debido a ciertas evidencias gráficas -y el respaldo ferviente de quienes me conocen -, los hombres tienen miedo de no caber en mi vida, y aquí con hombres me refiero a hombres de mi edad. Presento una imagen tan autosuficiente e independiente que más de alguno se ha visto amedrentado por pensar que no le necesito y que por lo mismo puede ir haciéndose un espacio más allá porque acá no es importante su presencia...

¿Quién rayos educa a los niños de esa manera? Una mujer no les necesita... una mujer los quiere... y no porque no los necesite significa que no los quiera... Al carajo...

Pero, ¿qué pasa con hombres de otras edades?

Bueno, sinceramente, siempre he pensado que un hombre mayor que yo -no sé cuántos años, pero no creo que eso importe tanto -sería un buen partner para mí. Yo que siempre he tenido problemas por pensar más "adultamente" que las personas de mi generación... pero he de decir que años atrás lo intenté y no resultó... La diferencia de edad tampoco era tan abismal, pero pensábamos tan diferente de la vida que las cosas no iban a llegar a buen puerto...

¿Y un hombre menor? Eso es lo que más me ha dado vueltas en la cabeza estas semanas... Tengo veintiuno, por lo que entrar en una relación con un hombre menor parece algo totalmente penable por la ley... a menos que cumpliera con el requisito básico de ser mayor de edad... y aún así nos separarían tres años... ¿Podría ser eso posible?

Pensaba yo en los pros y en los contras de una unión tan descabellada como pensable de todos modos y el resultado fue que, aunque nuestras vistas de la vida fueran iguales, generacionalmente estaríamos perdidos... 

Yo soy de esas personas que vive hablando como si fuera del siglo pasado -okey, sí, nací el siglo pasado y viví mi niñez allí, pero he formado mi pensamiento en este siglo -. Vivo arrojando chistes que critican a las nuevas generaciones, no con malicia, pero si con cierta sorna... ¿Quién rayos soportaría eso de su pareja?

Además, poniéndose en el caso que el chico en cuestión no cumpliera con el requisito básico, ¿podría siquiera acompañarme a los lugares que suelo frecuentar con mis amigos -bares, discos -? La respuesta es no. Luego de eso me asaltó la duda de si es que siquiera podría salir con mis amigos y él. Quizás no a propósito mis amigos lo dejarían segregado, y aún cuando yo estuviera todo el tiempo allí, él no se sentiría cien por ciento cómodo... como luego deduje que yo me sentiría estando junto a sus amigos, que serían todos chicos de su edad... todos menores que yo...

Allí me detuve y me puse a pensar que estaba viéndole el aspecto externo a la relación, o sea, el que vería la sociedad, y me pregunté que desde cuándo estaba importándome tanto aquella institución tan manoseada... Dejé de lado el asunto y mis dudas, mágicamente, desaparecieron...

Y luego entendí que daba lo mismo si quien acabe con mis días de soltería sea alguien mayor, menor o de mi edad... El asunto es que estemos en sintonía, que aunque no nos gusten las mismas cosas nos entendamos, que podamos pasar tiempo juntos y que ese tiempo lo disfrutemos... No diré que el miedo de la sociedad se fue completamente, porque a pesar de los pensamientos positivos queda esa luz naranja avisándome a lo lejos que los susurros y chismorreos parecen encontrarse a la vuelta de la esquina... Pero el punto está en que cualquier cosa que pase, aparentemente, habrá que esperar para ver qué tal... no sé cuánto tiempo más, pero de que tendré que esperar eso es seguro...

domingo, 3 de agosto de 2014

...

De verdad que quiero escribir algo... Pero las palabras me confunden -más como un "me confundo a mí misma", pero siempre es bueno poder culpar a alguien/algo más -, y el punto es que no sé si realmente valga la pena...

domingo, 22 de junio de 2014

Rara...

La última idea: teñir mi pelo
frontal de verde
Tiempo atrás, luego de haber terminado una larga lista de meses con sentimientos que parecían sacados de una película psycho, volví a ser yo misma... y volví a gustarme a mí misma que es una de las cosas más importantes para mí... No por egolatría sino por dignidad... O algo así...

Normalmente soy de las personas que cree que un chico no se detendrá a verla por segunda vez... o no al menos porque le atrajera algo de mí sino por lo chiflada que puedo parecer... Bueno, quizás chiflada sea algo extremo como para mí misma, pero se pueden usar, a modo de eufemismos, palabras como: estrambótica, ecléctica, peculiar "and so on and so forth", como dice mi profe...

Dicen los adultos (aquel grupo de personas del cual en mis veinte años -casi veintiuno -aún me niego a ser parte) que una chica de mi edad no debería ser así, que nunca conseguiré un chico, que así como voy quedaré sola en una casa llena de gatos... lo cual he de decir a mí  no me molestaría la verdad... pero no es el punto... 

¿Quién dijo que tenía que ser así o asá para gustarle a alguien? Creo que nadie se ha puesto a pensar en eso, o quizás si lo hacen, pero las enseñanzas de la sociedad (léase con "o" o con "u" a gusto del lector. Yo lo escribí con "o" sólo por convencionalismo) parecen lo suficientemente arraigadas en las cabezas ajenas como para no preocuparse por algo menos superficial...

Sí, el que esté sola, tenga una gata a la que amo con la vida, mis pasatiempos se vayan entre leer, escribir, ver películas/series y saber más sobre mis artistas favoritos no ayuda mucho a que la gente cambie su forma de pensar en mi persona... pero déjenme decirles: jamás en la vida me escucharán decir que soy yo quien se equivoca porque ser libre jamás ha sido un error...

Y ser loca... bueno, eso ya depende del punto de vista...

jueves, 6 de marzo de 2014

Soledad... Una vez más...


A ratos pasa por mi cabeza que la culpa es mía, que no mucho de lo que siento es real y que lo que realmente sucede es que estoy muy sensible en el último tiempo... Pero, ¿a qué seguir echándome la culpa?


Me siento sola, y no es de sensible... Se puede notar cuando ya mis palabras son siempre contestadas de mala gana, cuando siento esa frialdad y esa falta de afecto... y en el dolor que me produce el reconocerlo al teclearlo... Cuando veo que no produzco cariño en las personas que viven conmigo y que pareciera ser que la única manera en la que pueden quererme es cuando hago algo para su beneficio... ¿Puede ser eso simple sensibilidad de mi parte?

Duele ser la que se aparta y que luego se den con el derecho de criticártelo... Duele que ellos no se hayan dado cuenta de cuánto me esmeré por ganarme su cariño, aún cuando la sociedad dice que eso no se gana porque es concedido desde el nacimiento. Duele que mis lágrimas caigan y ellos sigan sin darse cuenta... o sigan haciendo como si nada...

Desde que era pequeña siempre sentí que no pertenecía a ningún lado... Nada ha cambiado mucho desde aquel entonces...

sábado, 8 de febrero de 2014

Sin punto aparte...

Y así como así, pasé de la preocupación a la despreocupación... Son tres letras nada más, ¿cierto?

Aún cuando ya he asumido que esto no va a interesarme porque no lo he vivido (bueno, sí, pero no... yo me entenderé), me viene ese pensamiento de lo egoísta que estoy siendo. Sí, soy masoquista, pero todo en esta vida tiene un límite y la verdad es que, en este caso, no me interesa siquiera llegar al mío... por eso decidí frenar antes este carro de conversaciones que derechamente no llevarían a nada...

Espero que me comprenda en algún minuto... como yo he tenido que comprenderle cada segundo desde que nos conocemos. No es tan ilógica mi puesta en la escena, ¿no? Un poco de reciprocidad, nada más.

Y bien, quizás tampoco le importe, y aunque lo hiciera de todas maneras nunca lo sabré... con esa manía de callarse hasta las cosas más importantes, este punto en nuestras vidas no tiene por qué ser la excepción a su regla.

Así que con esto dejo el episodio atrás, bajo el telón y me desligo de los preparativos para los créditos de la obra... Cada cual otórguele los que crea necesarios a cada quien.