miércoles, 14 de diciembre de 2016

(No) Dueles...

Tengo esta necesidad en mitad del pecho de verbalizar el porqué no me dueles tanto como cabría pensar... No te debo explicaciones porque nunca fuimos nada realmente, pero aún así quiero hacerlo, para sacármelo del sistema... para sacarte un poco más a ti también...

Cuando tenía 15 años, y hasta pasado mi cumpleaños número 17, amé a alguien con todas mis fuerzas. Era la segunda persona a la que amaba, porque sí, a mis 23 años ya he amado dos veces, con la diferencia de que en esa segunda ocasión el amor se volvió concreto: él fue mi primer beso y mi primera pareja... sentía que el amor se había multiplicado dentro de mí sólo por esa razón.

Pero a lo largo de esos dos años, entre idas y venidas, él, que tenía mi corazón a su disposición, se encargó de romperlo una y mil veces, de destrozarlo y hacerlo añicos... No digo que no haya habido momentos buenos, porque los hubo a montones también, y tampoco digo que yo no haya sido mala con él durante esos años, porque lo fui... por inmadura, por inocente, por indecisa... pero el punto es que mi corazón fue un prisionero de su agridulce tortura durante dos años.

No fue hasta que reuní el coraje para salir de aquel círculo vicioso que pude darme el tiempo de reconstruir mi corazón y mi amor propio, y desde entonces he tenido años en los que me he dedicado a embalsamarlo con cariño y dedicación... tanto que hoy en día parece como nuevo, y cuenta con todas las comodidades de un corazón recién salido al mercado... pero no te engañes, porque bajo la apariencia de un neófito, este corazón trae un blindaje anti-balas... resiente el golpe, pero ya no se rompe...

Es así que tu efímera estadía en mi vida y tu arrebatador recuerdo no me duelen tanto como yo misma esperaba que lo hicieran... Subestimé a mi propio corazón... Te recuerdo, sí... Extraño esas pequeñas cosas que te hacen ser tú y que a mí me hacían sentir cálidamente bien... Pero no voy a derramar más lágrimas que las de aquella tarde derramé por ti... Porque no puedo, porque ya no soy ese tipo de chica... 

jueves, 8 de septiembre de 2016

Pensar(le)...

Cada día, cerca de la una y pasado las dos, olvido su rostro, se mezcla entre el mar de personas que he conocido a lo largo de mi vida... más larga que la suya... y no puedo negar que durante esos minutos me siento algo feliz, algo liberada, algo menos responsable...

Pero luego, sin que siquiera pueda darme cuenta del momento exacto en el que ocurre, han dado las tres y ya está su rostro clavado en mi memoria y detrás de mis ojos... y eso también me alegra, y me confunde, y me desestabiliza... Yo debería ser quien pone los límites, pero los deshago siquiera antes de materializarlos...

Pienso lo que no debería más seguido de lo que es sano y recomendable... Sólo me consuelo con paños tibios de experiencias anteriores y diciéndome que tarde o temprano esto será un recuerdo... probablemente uno bonito... o eso espero...

miércoles, 17 de agosto de 2016

Mirada...

Esos ojos... Podría caerme en esos ojos como en un pozo de agua viva y al mismo tiempo ahogarme, feliz y contenta, pero triste y desolada...

Una mirada tan joven, tan inocente, en ese cuerpo desenvuelto a la temprana adultez...

Aún no puedo poner en palabras lo que me provocó esa mirada que, sincera y probablemente, no intentaba decirme nada... pero me dijo demasiado...

Esos ojos... quizás vuelvan a rondarme los pensamientos esos ojos...

viernes, 17 de junio de 2016

Caminata...

Escribir sobre algo que no ocurrió... sí, claro que lo he hecho antes, pero en un modo platónico y casi que en clave... pero lo de hoy...

No me costaba nada; mis planes se habían ido algo por el desagüe, tenía tiempo de sobra, nada urgente que llegar a hacer a casa... ¿Qué me frenó?

Antes no hubiera sido un problema, de hecho, hubiera sido mi primera decisión, pero no fui... mis pies me dirigieron directamente al paradero más cercano y luego dentro del primer bus que me trajera de vuelta a casa. El parque estaba allí, en el lugar de siempre, una caminata en un fresco día como hoy... pero no eso ocurrió... Hoy, de todos los días, quizás era en el que más lo necesitaba y aún así...

Hoy fue un día de decisiones, comenzar a cerrar ciclos, necesitaba despejarme, pero... por una vez, el conocimiento de mi soledad me frenó. Quizás sólo haya sido hoy, por las mismas razones, porque se ve tan inminente mi paso a aquello que creía pan comido y que ahora me parece un abismo aterrador, quizás no sólo necesitaba despejarme sino que también alguien me diera una palabra de aliento o de calma... no sé...

Simplemente fue extraño darme cuenta de que me estoy deteniendo de hacer lo de siempre por algo que antes me parecía lo más normal... En días decisivos, las contradicciones pueden ser la regla y no la excepción...

lunes, 7 de marzo de 2016

Sentimiento sobre pensamiento (o viceversa)

Ver doramas me hace mal... definitivamente...

Creo que nunca he pensado más en la necesidad interna y personal de tener a alguien a mi lado que en el transcurso de ver un dorama... Ese amor, esa contención que se entregan los personajes; los ojos brillosos, las manos expectantes, los pensamientos alborotados, la divina ridiculez de la cursilería... Me alegra y me deprime un poco...

Es bastante contradictorio el sentimiento y la sensación de querer tener a alguien y, luego, pensar en mi realidad actual y mi ferviente (Y testarudo. Sí, testarudo más que nada.) pensamiento de que una historia amorosa en este punto de mi vida no tiene cabida... Terminar mis estudios y comenzar mi independencia tienen mayor relevancia y representan una prioridad más grande, de momento... Sigo pensando que una cosa y la otra son incompatibles, y aún así... El sentimiento sigue aquí sin importarle el pensamiento...

De todos modos, no importa cuánto mi corazón lo desee, no hay nadie a la vista que siquiera pudiera intentar llenar ese espacio vacío, y eso es lo que tiene a mi mente tranquila, pero a mi corazón inquieto de impaciencia...

lunes, 25 de enero de 2016

Desvariar...

En los últimos días me he sentido tan mal (físicamente hablando) que me he preguntado que pasaría si me muriera -es un pensamiento extremista, pero cualquiera en mi condición tiene derecho a pensar lo que quiera, créanme. Más que nada me ha alterado pensar qué imagen de mí tendría mi familia si, después de mi muerte, encontraran este blog.

Dos mañana atrás desperté sintiéndome como si mi estómago estuviera siendo bombardeado tal como lo fueron algunas ciudades durante las guerras mundiales, sin sentido y sin consideración por la vida. Mi estómago estaba tratando de informarme que tenía en mi cuerpo una dosis de pastillas farmacéuticas tan grande que si hubiera ingerido una dosis más de la recetada no estaría escribiendo esto. Repito: dosis recetada. 

No sé si alguna vez lo he mencionado, pero sé que a mis amigos, conocidos y familiares les he dejado más que en claro que el suicidio no cuenta dentro de mis opciones para dejar este mundo, ya sea por cobardía o valentía, no lo sé, pero simplemente no está en la lista.

Eso en claro, aparentemente la doctora que intentaba tratarme otra enfermedad interna, pero no delicada, me recetó una dosis más alta de la que mi cuerpo estaba dispuesta a tolerar y luego de dos días de de ingerir estas pastillas mi cuerpo me pidió detenerme. Obviamente, las alertas de mi cuerpo no se quedaron en este bombardeo estomacal, mi cuerpo me pidió sacar todo (repito: TODO) lo que había ingerido en las últimas horas. Fue un día horrible. Si aún tengo estómago y esófago es de suerte.

Para hacer el resto de esta historia poco placentera algo más corto, los dos días que subsiguieron a ese no fueron mucho mejores. Dejé de devolver todo lo ingerido, pero mi estómago -y aparentemente cada órgano ubicado entre mi cerebro y mis riñones -se niega a realizar sus funciones habituales debidamente sin quejarse; y yo me he tenido que limitar a imitarle.

Aún me siento débil, pero deberé juntar las fuerzas necesarias para continuar con mi actividades normales porque al parecer el mundo no se detuvo durante mi convalecencia y ahora exige que me una al ruedo.

Volviendo al punto inicial de esta entrada, pensaba en aquello. Si me muero y mi familia encuentra este blog al buscar en mi computador, ¿qué pensaría de mí? Todos alguna vez hemos escuchado la historia de aquel o aquella joven que se murió y luego sus padres encontraron su diario de vida o una carta o su cuenta de Twitter o de qué sé yo y conocieron una parte de su hijo o hija que no conocían sino hasta entonces. 

Creo que puedo decir que he dejado que mis padres conozcan casi todo de mí. Y quizás sea ese casi el que me asusta. Nadie le cuenta todo a sus padres, y no porque no les tenga confianza sino simplemente por el hecho de que son tus padres. Aún así, no quisiera decepcionarlos. Y no creo que lo haga, o eso espero -esperaría. Después de todo, ésta es quien soy o una parte de aquella que soy, probablemente la parte más emocional, pero no la menos válida.

Creo que ya empecé a desvariar, de nuevo.