martes, 12 de marzo de 2019

Desgaste...

Si me preguntan, seré de las primeras en decir que la felicidad no es algo duradero. La felicidad son momentos. No estamos destinados a ser felices sino a estar felices por tanto tiempo como nos sea posible.

Pero ahora no estoy feliz. Y lo peor, contenta tampoco estoy. 

Se agotaron mis chips de chocolates en esta gran galleta que es mi vida. Y no veo para cuándo una reposición.

Tengo un trabajo que dejó de serme atractivo, y que no es para lo que estudié, no me siento valorada y lo que es más, me siento disminuida y mirada en menos, sin importar mi disposición y lo bueno de mi trabajo. 

En mi área, la docencia, parece no haber trabajo para mí en el pronto plazo, no importa el número de currículums míos que ya están circulando por los diversos colegios en los que podrían emplearme. 

Mi relación con mi hermana en este momento es pésima, y si bien ella tiene la culpa, la terca soy yo. 

Perderé al cachorro que he estado cuidando por cuatro meses en unos días porque no tengo un lugar lo suficientemente amplio y existe una familia que podrá darle lo que yo no puedo. 

Y, una vez más, me encuentro en una situación en la que siento que no tengo a nadie a quién recurrir. 

Estoy cansada. Frustrada. Y todo lo anterior me estresa. Mi estado mental no es el óptimo y aún así intento quemar los últimos cartuchos a más de su máxima capacidad. Debo pensar en muchas cosas antes de tomar decisiones, pero no me siento con la capacidad ni el ánimo para pensar en nada que no sea yo. Porque al mismo tiempo nadie está pensando en mí.