sábado, 14 de enero de 2012

Plasta...

Y sigo fingiendo que no sé nada... Él prostituye su conciencia, porque es lo único que ya no tiene valor que perder y ella juega a ser la niña inocente que aún no sabe qué hacer y por eso juega a la ronda-ronda, mientras mira coqueta al tarado que ofrece conciencia...

¿Podría el universo abducirnos y obligarnos a comer realidad? NO. No le apetece. Perdería toda la diversión, y ¿Qué más divertido de ver que a la humanidad siendo descarada?

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