Ese momento en el que te das cuenta que tu gata ya lleva más de dos años contigo y que llevas casi toda tu vida escribiendo. Ese momento en que te das cuenta que tu hermana acaba de cumplir los 17, y que tu hermano va a cumplir los 15 y se siente tan valiente como para enamorarse por primera vez. Ese momento en que te das cuenta de que han pasado más de diez años desde que perdiste tu primer amor, ese al que nunca te le declaraste. Ese momento en que recuerdas que has pasado catorce años estudiando y ya vas en tu decimoquinto año, dándote cuenta que nunca le has fallado a tus sueños. Ese momento en el que te das cuenta que aunque estés sola, no hay motivo en la vida que te haga estar triste. Ese es el mismo momento en que te aclaras la garganta al recordar que la muerte de tu abuelo hace casi trece años atrás aún te afecta y que la de tu abuela hace casi seis tampoco te es indiferente. Ese momento en que te das cuenta que la tristeza perdura con los años, pero no es necesario revivirla cada día. Ese momento en que la vida parece haberte atrapado al vuelo en el camino y sólo ahora haces amago de protestar porque necesitas un descanso.
Ese momento en que te das cuenta que estás a medio camino de llegar a tus veinte y que recién tu vida está empezando...

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