lunes, 5 de agosto de 2013

Ella...

Ella viaja como siempre, al lugar de siempre y tiene el mismo tiempo para pensar que siempre, pero esta vez ella ha pensado en muy poco...

Ella no se da cuenta, pero pone en pensamientos sólidos el hecho de que le vale nada lo que piense la gente de ella... pero se da cuenta de que existen excepciones...

Ella pone por excepciones a su familia más cercana y a sus amigos... ella cree que ellos valen la pena aunque a veces quiera mandarlos a la mierda...

A ella le duela que se sienta tan sensible cuando esa gente parece no entenderla, porque ella cree que da lo mejor de sí para entenderlos a ellos...

Ella se siente sola la mayor parte del tiempo, pero está segura que de todos modos los tiene a ellos... por eso le duele más cuando dice que está acostumbrada a estar sola, pero siente que no es así...

Ella ha comenzado a escribir en tercera persona... porque duele menos cuando no habla de sí misma...

Ella cree que comenzará a hacer esto más seguido, pero cree que será más lindo si lo hace en papel...

Ella no sabe ya por qué razones escribe si nadie la leerá, pero lo sigue haciendo porque se libera y deja un poco de la carga que creía tener en cada palabra que se va con las teclas de su computadora...

sábado, 13 de julio de 2013

Nadie como tú...

Tantos recuerdos atacándome los pensamientos en los últimos días... Tú, yo, nuestra niñez, nuestra pubertad... No, no es que quisiera volver a cuando estábamos así... pero no puedo evitar la nostalgia...

Me río sola al recordar cómo en aquellos días de verano que pasábamos juntas nos encerrábamos a escuchar pop a todo volumen, gritando al son de las canciones, corriendo en círculos dejando escapar una euforia digna de admiración...

¿En qué minuto dejamos de jugar con las herramientas de trabajo de nuestros padres? ¿En qué momento las distancias nos formaron esta muralla que quiere parecer inofensiva, pero que ya sabemos de qué va?

Te extraño, sí... pero soy demasiado dura como para reconocerlo en voz alta...

Te extraño...

Suena: Nadie como tú - La Oreja de Van Gogh

miércoles, 19 de junio de 2013

Mal...

Contener las ganas de llorar porque siento que me he equivocado en todos los últimos pasos dados...

Dejar que mi pasado revolucionara mis hormonas y poner mis ojos y sentimientos en un hombre mayor no han sido mis mejores ideas en mucho tiempo...

Y ahora... ¿ahora, qué? Poner en marcha el plan de reestructurar todo me parece bien... Me he equivocado tanto... TANTO...

Soy una idiota, pero como siempre he de reponerme... he de saber hacerlo...

jueves, 6 de junio de 2013

Tacto...

Tan débil. Ambos. Tú, yo. ¿A quien rayos se supone que le eche la culpa?

Te acercas y es como si lo pasado no existiera... Demonios, es como si ni tu presente existiera... Y, por Dios, que el resto del tiempo soy honestamente consciente de él, pero tú parecieras siquiera saberlo...

Cada vez que te acercas con esa ligereza, con esa demanda de mí es como si simplemente me fuera a dejar estar... pero luego se activa algo dentro de mí que me dice que te mantenga a rayas... y aún así, a ratos no puedo soportar el estar tan cerca... ¡Mierda! El estar así de cerca debería sernos prohibido...

Me gusta jugar contigo... Y veo en tus ojos que te gusta jugar conmigo... Malditos egoístas en los que nos hemos convertido...

Rodeas mi cintura, e intento apartarte, pero vuelves a acercarme a ti, asiéndome para poder sentir que me tienes... Técnicamente que me posees, pero no...

Si no puedo pelear con mis instintos más bajos, al menos pelearé por mis sentimientos... Esos no te los vuelvo a entregar ni muerta... Ni muerta...

martes, 7 de mayo de 2013

X

Tenía el pulso saltado, la cabeza dándome vueltas y la boca reseca...

No, no habíamos hecho nada de lo que pudiéramos arrepentirnos luego, pero no podía creer cómo era capaz de ponerme en ese estado con simplemente hacerme rabiar. Tenía la adrenalina a tal punto que pensaba que si no hubiésemos estado en un lugar público me hubiera abalanzado sobre su cuerpo... a sabiendas de que no me pondría resistencia.

Él quería que lo golpeara, y cada vez que le hacía caso quería simplemente golpearlo aún más, y era idiota, enfermizo, ridículo... curiosamente excitante... podía sentir mi libido subir cada vez que él me acercaba a su torso para frenar mis golpes que él mismo incitaba y su hombría rozaba, no, se acariciaba con mi parte erógena, aún vestidos.

Quería seguir golpeándolo, soltábamos lascivia con cada golpe, con cada mirada, cada vez que me apretaba contra él intentando retenerme con fuerza, demostrándome la potencia de su masculinidad; y al parecer él quería seguir siendo víctima de mis puños que no podían hacerle daño, encontrando su diversión en el hecho de acelerar mi pulso, apresarme en sus brazos como hace tanto no hacía y buscar en mí - quizás - aquello que en otro cuerpo no puede encontrar.

Quisiera decir que me siento culpable por las sensaciones que ÉL me ha hecho sentir...

No, la verdad, es que no...