miércoles, 17 de agosto de 2016

Mirada...

Esos ojos... Podría caerme en esos ojos como en un pozo de agua viva y al mismo tiempo ahogarme, feliz y contenta, pero triste y desolada...

Una mirada tan joven, tan inocente, en ese cuerpo desenvuelto a la temprana adultez...

Aún no puedo poner en palabras lo que me provocó esa mirada que, sincera y probablemente, no intentaba decirme nada... pero me dijo demasiado...

Esos ojos... quizás vuelvan a rondarme los pensamientos esos ojos...

viernes, 17 de junio de 2016

Caminata...

Escribir sobre algo que no ocurrió... sí, claro que lo he hecho antes, pero en un modo platónico y casi que en clave... pero lo de hoy...

No me costaba nada; mis planes se habían ido algo por el desagüe, tenía tiempo de sobra, nada urgente que llegar a hacer a casa... ¿Qué me frenó?

Antes no hubiera sido un problema, de hecho, hubiera sido mi primera decisión, pero no fui... mis pies me dirigieron directamente al paradero más cercano y luego dentro del primer bus que me trajera de vuelta a casa. El parque estaba allí, en el lugar de siempre, una caminata en un fresco día como hoy... pero no eso ocurrió... Hoy, de todos los días, quizás era en el que más lo necesitaba y aún así...

Hoy fue un día de decisiones, comenzar a cerrar ciclos, necesitaba despejarme, pero... por una vez, el conocimiento de mi soledad me frenó. Quizás sólo haya sido hoy, por las mismas razones, porque se ve tan inminente mi paso a aquello que creía pan comido y que ahora me parece un abismo aterrador, quizás no sólo necesitaba despejarme sino que también alguien me diera una palabra de aliento o de calma... no sé...

Simplemente fue extraño darme cuenta de que me estoy deteniendo de hacer lo de siempre por algo que antes me parecía lo más normal... En días decisivos, las contradicciones pueden ser la regla y no la excepción...

lunes, 7 de marzo de 2016

Sentimiento sobre pensamiento (o viceversa)

Ver doramas me hace mal... definitivamente...

Creo que nunca he pensado más en la necesidad interna y personal de tener a alguien a mi lado que en el transcurso de ver un dorama... Ese amor, esa contención que se entregan los personajes; los ojos brillosos, las manos expectantes, los pensamientos alborotados, la divina ridiculez de la cursilería... Me alegra y me deprime un poco...

Es bastante contradictorio el sentimiento y la sensación de querer tener a alguien y, luego, pensar en mi realidad actual y mi ferviente (Y testarudo. Sí, testarudo más que nada.) pensamiento de que una historia amorosa en este punto de mi vida no tiene cabida... Terminar mis estudios y comenzar mi independencia tienen mayor relevancia y representan una prioridad más grande, de momento... Sigo pensando que una cosa y la otra son incompatibles, y aún así... El sentimiento sigue aquí sin importarle el pensamiento...

De todos modos, no importa cuánto mi corazón lo desee, no hay nadie a la vista que siquiera pudiera intentar llenar ese espacio vacío, y eso es lo que tiene a mi mente tranquila, pero a mi corazón inquieto de impaciencia...

lunes, 25 de enero de 2016

Desvariar...

En los últimos días me he sentido tan mal (físicamente hablando) que me he preguntado que pasaría si me muriera -es un pensamiento extremista, pero cualquiera en mi condición tiene derecho a pensar lo que quiera, créanme. Más que nada me ha alterado pensar qué imagen de mí tendría mi familia si, después de mi muerte, encontraran este blog.

Dos mañana atrás desperté sintiéndome como si mi estómago estuviera siendo bombardeado tal como lo fueron algunas ciudades durante las guerras mundiales, sin sentido y sin consideración por la vida. Mi estómago estaba tratando de informarme que tenía en mi cuerpo una dosis de pastillas farmacéuticas tan grande que si hubiera ingerido una dosis más de la recetada no estaría escribiendo esto. Repito: dosis recetada. 

No sé si alguna vez lo he mencionado, pero sé que a mis amigos, conocidos y familiares les he dejado más que en claro que el suicidio no cuenta dentro de mis opciones para dejar este mundo, ya sea por cobardía o valentía, no lo sé, pero simplemente no está en la lista.

Eso en claro, aparentemente la doctora que intentaba tratarme otra enfermedad interna, pero no delicada, me recetó una dosis más alta de la que mi cuerpo estaba dispuesta a tolerar y luego de dos días de de ingerir estas pastillas mi cuerpo me pidió detenerme. Obviamente, las alertas de mi cuerpo no se quedaron en este bombardeo estomacal, mi cuerpo me pidió sacar todo (repito: TODO) lo que había ingerido en las últimas horas. Fue un día horrible. Si aún tengo estómago y esófago es de suerte.

Para hacer el resto de esta historia poco placentera algo más corto, los dos días que subsiguieron a ese no fueron mucho mejores. Dejé de devolver todo lo ingerido, pero mi estómago -y aparentemente cada órgano ubicado entre mi cerebro y mis riñones -se niega a realizar sus funciones habituales debidamente sin quejarse; y yo me he tenido que limitar a imitarle.

Aún me siento débil, pero deberé juntar las fuerzas necesarias para continuar con mi actividades normales porque al parecer el mundo no se detuvo durante mi convalecencia y ahora exige que me una al ruedo.

Volviendo al punto inicial de esta entrada, pensaba en aquello. Si me muero y mi familia encuentra este blog al buscar en mi computador, ¿qué pensaría de mí? Todos alguna vez hemos escuchado la historia de aquel o aquella joven que se murió y luego sus padres encontraron su diario de vida o una carta o su cuenta de Twitter o de qué sé yo y conocieron una parte de su hijo o hija que no conocían sino hasta entonces. 

Creo que puedo decir que he dejado que mis padres conozcan casi todo de mí. Y quizás sea ese casi el que me asusta. Nadie le cuenta todo a sus padres, y no porque no les tenga confianza sino simplemente por el hecho de que son tus padres. Aún así, no quisiera decepcionarlos. Y no creo que lo haga, o eso espero -esperaría. Después de todo, ésta es quien soy o una parte de aquella que soy, probablemente la parte más emocional, pero no la menos válida.

Creo que ya empecé a desvariar, de nuevo.

sábado, 13 de junio de 2015

¿Quién?


Ahora no tengo nada más que mil fotografías tuyas en mi disco duro. No tengo nada más que el recuerdo de lo que fueron estos más de cinco años.

Por la mierda, cómo te extraño ya.

¿A quién voy a abrazar ahora antes de quedarme dormida? ¿Quién me va a despertar a las cinco y media de la mañana porque quiere comida o porque quiere salir? ¿Quién se va a sentar en mis piernas mientras tomo desayuno? ¿Quién se va a acariciar contra algún libro en mis manos o contra la tablet porque siente que no le estoy prestando atención? ¿Quién se va a ir a esconder detrás de mis columnas de libros? ¿Quién me va a mirar con esos ojos redondos esperando a algún movimiento para salir corriendo y jugar? ¿Quién me va a acompañar a ver películas? ¿Quién me va a maullar para poder colarse entre las sábanas? ¿Quién más va a creer que mi mano es un gigante devorador de gatos? ¿Quién va a escuchar cada uno de mis estúpidos monólogos? ¿Quién se va a sentar sobre mis cuadernos? ¿Quién me va acompañar cuando me sienta sola? ¿Quién va a estar conmigo en esos días en que ni salir de la cama me parece una buena idea? 
Porque hoy es de esos días y tú ya no estás. Y probablemente mañana también sea de esos días y tampoco estarás. 

Porque tuve cinco años para acostumbrarme a ti, a tus mañas y a tu dulzura, pero no tuve ni siquiera un último adiós que le hiciera introducción a esta pena de mierda que siento y que quizás no se vaya en mucho tiempo.

Cuánta falta me vas a hacer. Cuánta falta me haces ya.