Los minutos, los días y cada momento vivido se me escaparon en un torbellino que pasó dejando una inmensa huella que aún no se borra, que permanece allí como queriendo decirme: nunca te olvides de que los torbellinos no somos establecidos, vamos y venimos como se nos da la gana... Y así lo compruebo, todo va y viene a su antojo, como si mi vida, mente y corazón en juego no merecieran la suficiente valía de apreciarlos y no atrofiarlos más de lo que ya están...
Torbellino desgraciado, torbellino inconsciente... torbellino palpitante, torbellino doliente...
Somos ambos, soy sólo yo, es sólo él... Soy parte de ese torbellino que se encamina a destrozar una parte de mí, pero que al mismo tiempo deja espacio disponible para crear nuevas cosas desde los cimientos antiguos...

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