Esa sensación de que mi vida ha caído en un plano literalmente liso... sin relieves, sin altos ni bajos... una temporada de tranquilidad inquisitiva que me lleva a preguntarme ¿Realmente era malo cuando tenía algún percance, cuando las cosas no me iban del todo bien? Quizás no, y yo me quejaba de más...
Pensándolo bien, cada problema, cada disyuntiva, cada obstáculo me ayudó a crecer, me enseñó algo...
¿Podría, acaso, quejarme de ser cómo soy ahora? Bueno, tal vez sí, pero en cierto sentido todo ayuda.
Y quiero seguir creciendo de esa manera... Pero ya no hay problemas... Sólo vacíos, los que intento olvidar... Porque esos duelen y prefiero problemas arduos, que recuerdos dolorosos... El tiempo, de ello estoy segura, se encargará de darme esas pequeñas molestias que necesito para hacer de mi vida un momento de realidad...

