sábado, 13 de julio de 2013

Nadie como tú...

Tantos recuerdos atacándome los pensamientos en los últimos días... Tú, yo, nuestra niñez, nuestra pubertad... No, no es que quisiera volver a cuando estábamos así... pero no puedo evitar la nostalgia...

Me río sola al recordar cómo en aquellos días de verano que pasábamos juntas nos encerrábamos a escuchar pop a todo volumen, gritando al son de las canciones, corriendo en círculos dejando escapar una euforia digna de admiración...

¿En qué minuto dejamos de jugar con las herramientas de trabajo de nuestros padres? ¿En qué momento las distancias nos formaron esta muralla que quiere parecer inofensiva, pero que ya sabemos de qué va?

Te extraño, sí... pero soy demasiado dura como para reconocerlo en voz alta...

Te extraño...

Suena: Nadie como tú - La Oreja de Van Gogh

miércoles, 19 de junio de 2013

Mal...

Contener las ganas de llorar porque siento que me he equivocado en todos los últimos pasos dados...

Dejar que mi pasado revolucionara mis hormonas y poner mis ojos y sentimientos en un hombre mayor no han sido mis mejores ideas en mucho tiempo...

Y ahora... ¿ahora, qué? Poner en marcha el plan de reestructurar todo me parece bien... Me he equivocado tanto... TANTO...

Soy una idiota, pero como siempre he de reponerme... he de saber hacerlo...

jueves, 6 de junio de 2013

Tacto...

Tan débil. Ambos. Tú, yo. ¿A quien rayos se supone que le eche la culpa?

Te acercas y es como si lo pasado no existiera... Demonios, es como si ni tu presente existiera... Y, por Dios, que el resto del tiempo soy honestamente consciente de él, pero tú parecieras siquiera saberlo...

Cada vez que te acercas con esa ligereza, con esa demanda de mí es como si simplemente me fuera a dejar estar... pero luego se activa algo dentro de mí que me dice que te mantenga a rayas... y aún así, a ratos no puedo soportar el estar tan cerca... ¡Mierda! El estar así de cerca debería sernos prohibido...

Me gusta jugar contigo... Y veo en tus ojos que te gusta jugar conmigo... Malditos egoístas en los que nos hemos convertido...

Rodeas mi cintura, e intento apartarte, pero vuelves a acercarme a ti, asiéndome para poder sentir que me tienes... Técnicamente que me posees, pero no...

Si no puedo pelear con mis instintos más bajos, al menos pelearé por mis sentimientos... Esos no te los vuelvo a entregar ni muerta... Ni muerta...

martes, 7 de mayo de 2013

X

Tenía el pulso saltado, la cabeza dándome vueltas y la boca reseca...

No, no habíamos hecho nada de lo que pudiéramos arrepentirnos luego, pero no podía creer cómo era capaz de ponerme en ese estado con simplemente hacerme rabiar. Tenía la adrenalina a tal punto que pensaba que si no hubiésemos estado en un lugar público me hubiera abalanzado sobre su cuerpo... a sabiendas de que no me pondría resistencia.

Él quería que lo golpeara, y cada vez que le hacía caso quería simplemente golpearlo aún más, y era idiota, enfermizo, ridículo... curiosamente excitante... podía sentir mi libido subir cada vez que él me acercaba a su torso para frenar mis golpes que él mismo incitaba y su hombría rozaba, no, se acariciaba con mi parte erógena, aún vestidos.

Quería seguir golpeándolo, soltábamos lascivia con cada golpe, con cada mirada, cada vez que me apretaba contra él intentando retenerme con fuerza, demostrándome la potencia de su masculinidad; y al parecer él quería seguir siendo víctima de mis puños que no podían hacerle daño, encontrando su diversión en el hecho de acelerar mi pulso, apresarme en sus brazos como hace tanto no hacía y buscar en mí - quizás - aquello que en otro cuerpo no puede encontrar.

Quisiera decir que me siento culpable por las sensaciones que ÉL me ha hecho sentir...

No, la verdad, es que no...

miércoles, 17 de abril de 2013

Ese momento...

Ese momento en el que te das cuenta que tu gata ya lleva más de dos años contigo y que llevas casi toda tu vida escribiendo. Ese momento en que te das cuenta que tu hermana acaba de cumplir los 17, y que tu hermano va a cumplir los 15 y se siente tan valiente como para enamorarse por primera vez. Ese momento en que te das cuenta de que han pasado más de diez años desde que perdiste tu primer amor, ese al que nunca te le declaraste. Ese momento en que recuerdas que has pasado catorce años estudiando y ya vas en tu decimoquinto año, dándote cuenta que nunca le has fallado a tus sueños. Ese momento en el que te das cuenta que aunque estés sola, no hay motivo en la vida que te haga estar triste. Ese es el mismo momento en que te aclaras la garganta al recordar que la muerte de tu abuelo hace casi trece años atrás aún te afecta y que la de tu abuela hace casi seis tampoco te es indiferente. Ese momento en que te das cuenta que la tristeza perdura con los años, pero no es necesario revivirla cada día. Ese momento en que la vida parece haberte atrapado al vuelo en el camino y sólo ahora haces amago de protestar porque necesitas un descanso.

Ese momento en que te das cuenta que estás a medio camino de llegar a tus veinte y que recién tu vida está empezando...