jueves, 6 de septiembre de 2018

Escribir...

Desde Diciembre del año pasado que no escribía. No fue planeado, no fue paulatino. El día 18 de Diciembre -probablemente nunca olvide la fecha, perdí a mi estro. A quien había hecho de fuente aparentemente inagotable de imaginación por los anteriores cinco años.

Y así como él se fue, lo hicieron mis ganas de escribir.

Quizás suene drástico. Porque sí, había dejado mi poesía caer por aquí y por allá, al menos desde hace unos dos meses, pero las historias se habían ido. Es más, creo que jamás podré terminar aquella historia que tenía en proceso al momento en que todo ocurrió.

Hace poco, quizás una semana, recién tuve el coraje de volver a teclear. He encontrado nuevas inspiraciones, pero ha sido un trabajo interno bastante grande. Aún se me encoje el corazón al escuchar su voz. Aún tengo que saltarme canciones en el reproductor porque hay días en que de verdad sería demasiado.

Yo que me jactaba de no padecer del mal fanático (siendo fan actualmente por 17 años de alguien), pero me dolió. Me golpeó. Ha sido algo nuevo, y para nada satisfactorio. Pero he vuelto a escribir, y de momento quiero alegrarme por eso.


lunes, 15 de enero de 2018

Libertad...

En los últimos años he pasado cierta porción de mis fines de semana siendo copiloto de mi padre en su auto. Por lo general, al ir en carretera, e incluso al ir por las calles de la ciudad, tengo que recordarle que su velocímetro indica un exceso de velocidad no menor. No me malinterpreten, admiro su capacidad al volante. Probablemente sea al conductor al que le tenga mayor confianza en el mundo -alta velocidad y todo.

Pero quizás mis reparos siempre habían estado de más, y no sólo por el hecho de que él sabe lo que hace -mal que mal lleva conduciendo más años de los que yo llevo en la Tierra. Sino porque jamás había entendido lo que conducir a alta velocidad significaba para él. Hasta ayer.

Conseguí mi propia licencia de conducir hace algunos meses, y hasta la semana pasada recién conseguí mi primer auto, y este fin de semana decidí lanzarme a la carretera para ir a visitar familiares en otra provincia. El viaje de ida estuvo lleno de la realización de al fin manejar por mi propia cuenta en una distancia tan larga. Me sentía completamente satisfecha, dueña de mi misma.

El camino de regreso, cuando ya la emoción de la autonomía había pasado, sentí el viaje en su simplicidad. Y entendí a mi padre. 

Al contrario de lo que me solía pasar las primeras veces que manejé por las calles de la ciudad, la carretera se sentía amplia y despejada, a pesar de que habían varios autos más que como yo regresaban a sus casas, y manejar se sentía como si fuera una actividad que llevase haciendo por años, algo natural. Me sentí libre.

Personalmente, creo haberme sentido libre en varias ocasiones antes, fuera de mis propios fundamentalismos de este asunto de que todos estamos atrapados en nuestros mundos. Pero nunca así, nunca en un modo en que tienes la certeza de que volverás a ser así de libre una vez que te vuelvas a poner trás el manubrio.

Quizás en esos minutos, en esas horas, lo que busca mi padre mientras maneja es esa siempre furtiva sensación de libertad.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Logros...

He llegado a este punto en que la mayoría de las metas que me he puesto en la vida se encuentran al lado de un tick. Mi carrera está terminada -soy oficialmente profesional, soy madrina de un niño hermoso que es además mi primo, obtuve mi licencia de conducir... hay tantas cosas que han pasado en los meses de este 2017 que me han hecho preguntarme cuál es el siguiente paso. Por eso después de esta lista de logros, está exactamente esa pregunta: ¿Qué sigue?

Oh, siguen muchas cosas, pero estoy imposibilitada de realizarlas en el corto plazo y eso me hace sentir algo estancada. 

Había vivido hasta ahora en medio de los procesos que me llevaban a cumplir aquellos logros o viviéndolos plenamente. Pero en este momento no me encuentro en ninguno de esos planos y el día a día se me presenta fome, aburrido, monótono... ninguna de esas palabras presentan un gran aditivo a mi vida y eso desinfla mi ánimo. El que necesito para mis siguientes etapas.

Hoy en día, vivo a base de sueños y castillos en el aire para aquellos planes que no tienen fecha...


miércoles, 5 de abril de 2017

Houdini del siglo XXI...

Como en un acto de magia, apareciste de la nada cuando ya casi no te pensaba... Y luego volviste a desvanecerte como si nunca lo hubieras hecho...

Como te dije alguna vez, te haces una idea errónea de mí y de lo que quiero en esta vida... si vienes o si vas, en este punto, no me preocupa, porque no es una decisión cuyas consecuencias tenga yo que soportar... que vengas o te vayas, no afecta mi vida más allá de aquellas horas en las que tu espectáculo de aparición se desarrolla...

Sólo te observo... No estoy aquí para hacer las de ayudante del show...

Yo no (me) amarro a nadie.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

(No) Dueles...

Tengo esta necesidad en mitad del pecho de verbalizar el porqué no me dueles tanto como cabría pensar... No te debo explicaciones porque nunca fuimos nada realmente, pero aún así quiero hacerlo, para sacármelo del sistema... para sacarte un poco más a ti también...

Cuando tenía 15 años, y hasta pasado mi cumpleaños número 17, amé a alguien con todas mis fuerzas. Era la segunda persona a la que amaba, porque sí, a mis 23 años ya he amado dos veces, con la diferencia de que en esa segunda ocasión el amor se volvió concreto: él fue mi primer beso y mi primera pareja... sentía que el amor se había multiplicado dentro de mí sólo por esa razón.

Pero a lo largo de esos dos años, entre idas y venidas, él, que tenía mi corazón a su disposición, se encargó de romperlo una y mil veces, de destrozarlo y hacerlo añicos... No digo que no haya habido momentos buenos, porque los hubo a montones también, y tampoco digo que yo no haya sido mala con él durante esos años, porque lo fui... por inmadura, por inocente, por indecisa... pero el punto es que mi corazón fue un prisionero de su agridulce tortura durante dos años.

No fue hasta que reuní el coraje para salir de aquel círculo vicioso que pude darme el tiempo de reconstruir mi corazón y mi amor propio, y desde entonces he tenido años en los que me he dedicado a embalsamarlo con cariño y dedicación... tanto que hoy en día parece como nuevo, y cuenta con todas las comodidades de un corazón recién salido al mercado... pero no te engañes, porque bajo la apariencia de un neófito, este corazón trae un blindaje anti-balas... resiente el golpe, pero ya no se rompe...

Es así que tu efímera estadía en mi vida y tu arrebatador recuerdo no me duelen tanto como yo misma esperaba que lo hicieran... Subestimé a mi propio corazón... Te recuerdo, sí... Extraño esas pequeñas cosas que te hacen ser tú y que a mí me hacían sentir cálidamente bien... Pero no voy a derramar más lágrimas que las de aquella tarde derramé por ti... Porque no puedo, porque ya no soy ese tipo de chica...