miércoles, 26 de junio de 2019

"Amigos"

La pregunta pende sobre ambos cada vez que nos vemos. ¿Podemos G. y yo ser amigos?

Probablemente la respuesta sea no. Hay demasiada química entre nosotros, lo que no sería malo si no fuera porque él tiene alguien que podría salir dañada.

Las amistades usadas en contra de una atracción son armas de doble filo. Ya lo viví con D., y con él sólo hice el intento en nombre de lo que alguna vez hubo entre ambos, resultó que esa fue peor idea que cerrarle la puerta en la cara. Nada pasó, mi temperamento y carácter ganando la partida, pero no sé si pudiera ser fuerte otra vez cuando las circunstancias están aún más llenas de un "y si...".

Con D. no habían sorpresas, nada que pudiera decir o hacer me sorprendería, lo que me hizo quedarme era la costumbre de tenerlo cerca. Pero con G. las posibilidades son infinitas, y eso es mucho más tentador. Porque la historia entre G. y yo no tiene nada más que miradas, gestos y segundas intenciones en su bóveda. Nada palpable, nada que pese... nada que pueda sernos imputable. 

No, no podemos ser amigos cuando siempre habrán tantos caminos por los que podríamos desviarnos. Tantos atajos prometiendo una salida más rápida de las sensaciones que creemos tener. Y las buenas intenciones han pavimentado por milenios el camino al infierno. No podemos arriesgarnos.

martes, 12 de marzo de 2019

Desgaste...

Si me preguntan, seré de las primeras en decir que la felicidad no es algo duradero. La felicidad son momentos. No estamos destinados a ser felices sino a estar felices por tanto tiempo como nos sea posible.

Pero ahora no estoy feliz. Y lo peor, contenta tampoco estoy. 

Se agotaron mis chips de chocolates en esta gran galleta que es mi vida. Y no veo para cuándo una reposición.

Tengo un trabajo que dejó de serme atractivo, y que no es para lo que estudié, no me siento valorada y lo que es más, me siento disminuida y mirada en menos, sin importar mi disposición y lo bueno de mi trabajo. 

En mi área, la docencia, parece no haber trabajo para mí en el pronto plazo, no importa el número de currículums míos que ya están circulando por los diversos colegios en los que podrían emplearme. 

Mi relación con mi hermana en este momento es pésima, y si bien ella tiene la culpa, la terca soy yo. 

Perderé al cachorro que he estado cuidando por cuatro meses en unos días porque no tengo un lugar lo suficientemente amplio y existe una familia que podrá darle lo que yo no puedo. 

Y, una vez más, me encuentro en una situación en la que siento que no tengo a nadie a quién recurrir. 

Estoy cansada. Frustrada. Y todo lo anterior me estresa. Mi estado mental no es el óptimo y aún así intento quemar los últimos cartuchos a más de su máxima capacidad. Debo pensar en muchas cosas antes de tomar decisiones, pero no me siento con la capacidad ni el ánimo para pensar en nada que no sea yo. Porque al mismo tiempo nadie está pensando en mí.


jueves, 6 de septiembre de 2018

Escribir...

Desde Diciembre del año pasado que no escribía. No fue planeado, no fue paulatino. El día 18 de Diciembre -probablemente nunca olvide la fecha, perdí a mi estro. A quien había hecho de fuente aparentemente inagotable de imaginación por los anteriores cinco años.

Y así como él se fue, lo hicieron mis ganas de escribir.

Quizás suene drástico. Porque sí, había dejado mi poesía caer por aquí y por allá, al menos desde hace unos dos meses, pero las historias se habían ido. Es más, creo que jamás podré terminar aquella historia que tenía en proceso al momento en que todo ocurrió.

Hace poco, quizás una semana, recién tuve el coraje de volver a teclear. He encontrado nuevas inspiraciones, pero ha sido un trabajo interno bastante grande. Aún se me encoje el corazón al escuchar su voz. Aún tengo que saltarme canciones en el reproductor porque hay días en que de verdad sería demasiado.

Yo que me jactaba de no padecer del mal fanático (siendo fan actualmente por 17 años de alguien), pero me dolió. Me golpeó. Ha sido algo nuevo, y para nada satisfactorio. Pero he vuelto a escribir, y de momento quiero alegrarme por eso.


lunes, 15 de enero de 2018

Libertad...

En los últimos años he pasado cierta porción de mis fines de semana siendo copiloto de mi padre en su auto. Por lo general, al ir en carretera, e incluso al ir por las calles de la ciudad, tengo que recordarle que su velocímetro indica un exceso de velocidad no menor. No me malinterpreten, admiro su capacidad al volante. Probablemente sea al conductor al que le tenga mayor confianza en el mundo -alta velocidad y todo.

Pero quizás mis reparos siempre habían estado de más, y no sólo por el hecho de que él sabe lo que hace -mal que mal lleva conduciendo más años de los que yo llevo en la Tierra. Sino porque jamás había entendido lo que conducir a alta velocidad significaba para él. Hasta ayer.

Conseguí mi propia licencia de conducir hace algunos meses, y hasta la semana pasada recién conseguí mi primer auto, y este fin de semana decidí lanzarme a la carretera para ir a visitar familiares en otra provincia. El viaje de ida estuvo lleno de la realización de al fin manejar por mi propia cuenta en una distancia tan larga. Me sentía completamente satisfecha, dueña de mi misma.

El camino de regreso, cuando ya la emoción de la autonomía había pasado, sentí el viaje en su simplicidad. Y entendí a mi padre. 

Al contrario de lo que me solía pasar las primeras veces que manejé por las calles de la ciudad, la carretera se sentía amplia y despejada, a pesar de que habían varios autos más que como yo regresaban a sus casas, y manejar se sentía como si fuera una actividad que llevase haciendo por años, algo natural. Me sentí libre.

Personalmente, creo haberme sentido libre en varias ocasiones antes, fuera de mis propios fundamentalismos de este asunto de que todos estamos atrapados en nuestros mundos. Pero nunca así, nunca en un modo en que tienes la certeza de que volverás a ser así de libre una vez que te vuelvas a poner trás el manubrio.

Quizás en esos minutos, en esas horas, lo que busca mi padre mientras maneja es esa siempre furtiva sensación de libertad.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Logros...

He llegado a este punto en que la mayoría de las metas que me he puesto en la vida se encuentran al lado de un tick. Mi carrera está terminada -soy oficialmente profesional, soy madrina de un niño hermoso que es además mi primo, obtuve mi licencia de conducir... hay tantas cosas que han pasado en los meses de este 2017 que me han hecho preguntarme cuál es el siguiente paso. Por eso después de esta lista de logros, está exactamente esa pregunta: ¿Qué sigue?

Oh, siguen muchas cosas, pero estoy imposibilitada de realizarlas en el corto plazo y eso me hace sentir algo estancada. 

Había vivido hasta ahora en medio de los procesos que me llevaban a cumplir aquellos logros o viviéndolos plenamente. Pero en este momento no me encuentro en ninguno de esos planos y el día a día se me presenta fome, aburrido, monótono... ninguna de esas palabras presentan un gran aditivo a mi vida y eso desinfla mi ánimo. El que necesito para mis siguientes etapas.

Hoy en día, vivo a base de sueños y castillos en el aire para aquellos planes que no tienen fecha...