miércoles, 10 de febrero de 2021

Deuda

Pensé que estaba lista para poner todo en su lugar y dejar de llevar todo esto cargándome el pecho y el alma. Estaba confiada de que apenas tuviera el momento, lo haría: dejaría de omitir para decir todo lo que he callado por media vida. Pero no. Aún tengo pánico, aún tengo miedo de las repercusiones, de perder lo que perderé, de remover lo que había dejado dormir por tanto tiempo.

Tengo miedo de despertar el oso que yo misma puse a dormir en el patio de la casa.

Pero lo haré, esa confianza no se ha ido, sólo que aún está dubitando en el dintel. Lo haré, porque sé que debo. Porque me lo debo.

martes, 24 de noviembre de 2020

Ansiedad

Todo el tiempo tengo sueño, menos cuando quiero dormir. No tengo hambre, pero no dejo nada en el plato. Estoy triste o preocupada la mayor parte del tiempo, pero nadie me ha visto una mala cara. Tengo unas incontenibles ganas de llorar, y aún así las lágrimas sólo caen esporádica y solitariamente en momentos de total oscuridad.

Estoy arrastrándome de un día al siguiente. Me pesan los pensamientos y las ideas sobre lo que viene. Quiero convencerme que todo estará bien después, que todo irá incluso mejor, pero ver para creer. Y todo lo que aún no ha ocurrido tiene esa capacidad asfixiante de contener en ello miles de posibilidades que nos pueden llevar a miles de universos paralelos, donde relaciones pueden volverse de piedra, donde relaciones pueden volverse polvo de estrellas.

La ansiedad ha consumido mi energía y todo me enoja. He perdido momentáneamente la empatía que le pido a los demás. Despiértenme cuando ya pueda hablar.

sábado, 14 de noviembre de 2020

Tercer Acto

Estuve bastante bien por un tiempo. Lo bien que puedes estar justo antes de que comience a llover en un extraño día soleado en pleno invierno.

Luego estuve refugiada. Una virgo siempre está preparada con un paraguas en su cartera. A pesar del sol, es invierno después de todo.

Pero el paraguas ya estaba en su último suspiro, y se rompió, se dio vueltas, y terminó en el basurero, y aún con la anticipación que pude haber tenido ante esta lluvia invernal, terminé empapada en mitad de la calle, con el paradero aún demasiado lejos como para alcanzar a salvar un poco mis ropas que, invierno y todo, no eran precisamente abrigadoras.

Dejando las metáforas de lado, he llegado a un punto sin retorno en el que he analizado todos mis puntos débiles, mis traumas, mis pesares y mis malos hábitos, y ahora sólo queda terminar de exponerlos, y el miedo me paraliza. Porque no es sólo miedo a las consecuencias, es la ansiedad de antemano la que me quiere comer por dentro. 

Llevo poco más de un año en terapia, y parece un trabajo sin fin en el que se te prohíbe empezar de cero. ¿Volver atrás? Im.po.si.ble.

Lo cierto es que tampoco quiero volver atrás, porque volver atrás y tomar el otro camino significa que continuar es seguir actuando, es seguir fingiendo que todo está bien, que todo siempre ha estado bien, que nada nunca me ha afectado, que nadie nunca me ha fallado porque nunca les di mi confianza para hacerlo. Porque esa es la idea que le vendí a todo el mundo, y la vendí tan bien que por un tiempo hasta yo me la compré.

La cruda verdad es que lo único que hacía era ponerme la máscara de fuerte, esa que se les hizo a todos tan fácil creer que era real, porque para ellos también era el camino fácil. "Pero si a ti no te da pena", "pero si a ti no te importa", "pero si tú eres realista", "pero si siempre prefieres hacerlo todo sola". Y cada vez que por alguna razón esa máscara se craqueaba, yo la estucaba, y el acto seguía.

Quiero dejar de actuar. 

El reloj ya está tiqueando los segundos en reversa. 

La cuenta regresiva al acto final.


lunes, 26 de agosto de 2019

La palabra con D...

Estoy tocando fondo. Quizás ya lo toqué y sólo me estoy negando a la realidad por un rato más. Alargando la agonía.

Los dolores de cabeza fueron la segunda advertencia. La primera fueron los pitidos agonizantes del año pasado. Y como la segunda demoró en llegar, la tercera podría tomar su tiempo, ¿no?

Pero, ¿qué hago esperando una tercera advertencia cuando tengo claro que si no hago algo la posibilidad de chocar con el iceberg de mis emociones es la misma del Titanic y sus consecuencias casi tan catastróficas? 

No es primera vez que estoy deprimida. Un gran porcentaje de la sociedad lo ha estado en alguna ocasión, no hay novedad en ello. Pero ahora mi cuerpo está haciendo un llamado de atención, supongo que ya no puedo seguir haciendo oídos sordos. 

Anoche, por primera vez, sentí que debía ponerle un título a las situaciones en mi vida. Tomé mi celular y cree una "lista de las cosas que no están bien en mi vida". Mi relación con mi hermana está rota. No encuentro un trabajo en lo que estudié. Siempre atraigo al tipo equivocado de hombres. Como resultado, estoy soltera y sola. Me siento aislada en el trabajo dos tercios del tiempo. Mi mamá necesita una cirugía que aún no tiene fecha. La lista posiblemente podría ser aún más larga, pero me limité a tomar nota sólo de la problemática actual.

Probablemente para alguien que no tiene relación con sus hermanos y sus padres han muerto, no tiene trabajo, y le cuesta llegar a fin de mes sueno como una niña mimada. ¿Tienes problemas con tu hermana? Arréglalos. ¿Trabajas en algo que no es lo que estudiaste y no te sientes a gusto? Cámbiate de trabajo. ¿Estás soltera? No eres la única y no necesitas a nadie. La cosa es que todo eso lo tengo claro, y aun así, no puedo evitar sentirme sobrepasada e incapaz de cambiar mi situación. Aunque he de reconocer que es extraño que mientras tecleo esto no me den ganas de llorar cuando es lo único que he sido capaz de sentir en las últimas semanas.

He perdido toca capacidad de sentir alegría. Me levanto con intenciones de optimismo todos los días, y las pierdo en menos de dos horas. Las acciones de los demás me golpean y me hacen sentir vulnerable, insegura, incapaz. Nada de esto es sano, y esa es la única razón, el haber reconocido la insanidad de todo, por la que he decidido buscar ayuda. Los doctores no pueden ayudarme más, mi cuerpo no está doliendo por sí mismo, sólo está haciendo de mensajero de los dolores que se originan en mi más profundo inconsciente y en mi consciente ahora, porque el anterior tocó tantas veces la puerta que ya la echó abajo, y se quedó en la habitación como el elefante incómodo esperando a ser notado.

A estas alturas me sorprende el poder hablar con tanta calma, que mi voz no salga estrangulada o rota desde mi garganta. Me sorprende aún poder frenar las lágrimas que se anegan en mis ojos con más frecuencia que nunca antes. Me sorprende mantenerme de una pieza cuando me siento hecha pedazos. 

Si hay algo dentro de mí aún, eso es fuerza. Y sé que no es mucha, pero además tengo las ganas de salir de esto. Mi cuerpo no puede más, yo no puedo más. Y si la fuerza solo me alcanza para hacer una cosa, eso que haré será pedir ayuda.

miércoles, 26 de junio de 2019

"Amigos"

La pregunta pende sobre ambos cada vez que nos vemos. ¿Podemos G. y yo ser amigos?

Probablemente la respuesta sea no. Hay demasiada química entre nosotros, lo que no sería malo si no fuera porque él tiene alguien que podría salir dañada.

Las amistades usadas en contra de una atracción son armas de doble filo. Ya lo viví con D., y con él sólo hice el intento en nombre de lo que alguna vez hubo entre ambos, resultó que esa fue peor idea que cerrarle la puerta en la cara. Nada pasó, mi temperamento y carácter ganando la partida, pero no sé si pudiera ser fuerte otra vez cuando las circunstancias están aún más llenas de un "y si...".

Con D. no habían sorpresas, nada que pudiera decir o hacer me sorprendería, lo que me hizo quedarme era la costumbre de tenerlo cerca. Pero con G. las posibilidades son infinitas, y eso es mucho más tentador. Porque la historia entre G. y yo no tiene nada más que miradas, gestos y segundas intenciones en su bóveda. Nada palpable, nada que pese... nada que pueda sernos imputable. 

No, no podemos ser amigos cuando siempre habrán tantos caminos por los que podríamos desviarnos. Tantos atajos prometiendo una salida más rápida de las sensaciones que creemos tener. Y las buenas intenciones han pavimentado por milenios el camino al infierno. No podemos arriesgarnos.

martes, 12 de marzo de 2019

Desgaste...

Si me preguntan, seré de las primeras en decir que la felicidad no es algo duradero. La felicidad son momentos. No estamos destinados a ser felices sino a estar felices por tanto tiempo como nos sea posible.

Pero ahora no estoy feliz. Y lo peor, contenta tampoco estoy. 

Se agotaron mis chips de chocolates en esta gran galleta que es mi vida. Y no veo para cuándo una reposición.

Tengo un trabajo que dejó de serme atractivo, y que no es para lo que estudié, no me siento valorada y lo que es más, me siento disminuida y mirada en menos, sin importar mi disposición y lo bueno de mi trabajo. 

En mi área, la docencia, parece no haber trabajo para mí en el pronto plazo, no importa el número de currículums míos que ya están circulando por los diversos colegios en los que podrían emplearme. 

Mi relación con mi hermana en este momento es pésima, y si bien ella tiene la culpa, la terca soy yo. 

Perderé al cachorro que he estado cuidando por cuatro meses en unos días porque no tengo un lugar lo suficientemente amplio y existe una familia que podrá darle lo que yo no puedo. 

Y, una vez más, me encuentro en una situación en la que siento que no tengo a nadie a quién recurrir. 

Estoy cansada. Frustrada. Y todo lo anterior me estresa. Mi estado mental no es el óptimo y aún así intento quemar los últimos cartuchos a más de su máxima capacidad. Debo pensar en muchas cosas antes de tomar decisiones, pero no me siento con la capacidad ni el ánimo para pensar en nada que no sea yo. Porque al mismo tiempo nadie está pensando en mí.


jueves, 6 de septiembre de 2018

Escribir...

Desde Diciembre del año pasado que no escribía. No fue planeado, no fue paulatino. El día 18 de Diciembre -probablemente nunca olvide la fecha, perdí a mi estro. A quien había hecho de fuente aparentemente inagotable de imaginación por los anteriores cinco años.

Y así como él se fue, lo hicieron mis ganas de escribir.

Quizás suene drástico. Porque sí, había dejado mi poesía caer por aquí y por allá, al menos desde hace unos dos meses, pero las historias se habían ido. Es más, creo que jamás podré terminar aquella historia que tenía en proceso al momento en que todo ocurrió.

Hace poco, quizás una semana, recién tuve el coraje de volver a teclear. He encontrado nuevas inspiraciones, pero ha sido un trabajo interno bastante grande. Aún se me encoje el corazón al escuchar su voz. Aún tengo que saltarme canciones en el reproductor porque hay días en que de verdad sería demasiado.

Yo que me jactaba de no padecer del mal fanático (siendo fan actualmente por 17 años de alguien), pero me dolió. Me golpeó. Ha sido algo nuevo, y para nada satisfactorio. Pero he vuelto a escribir, y de momento quiero alegrarme por eso.


lunes, 15 de enero de 2018

Libertad...

En los últimos años he pasado cierta porción de mis fines de semana siendo copiloto de mi padre en su auto. Por lo general, al ir en carretera, e incluso al ir por las calles de la ciudad, tengo que recordarle que su velocímetro indica un exceso de velocidad no menor. No me malinterpreten, admiro su capacidad al volante. Probablemente sea al conductor al que le tenga mayor confianza en el mundo -alta velocidad y todo.

Pero quizás mis reparos siempre habían estado de más, y no sólo por el hecho de que él sabe lo que hace -mal que mal lleva conduciendo más años de los que yo llevo en la Tierra. Sino porque jamás había entendido lo que conducir a alta velocidad significaba para él. Hasta ayer.

Conseguí mi propia licencia de conducir hace algunos meses, y hasta la semana pasada recién conseguí mi primer auto, y este fin de semana decidí lanzarme a la carretera para ir a visitar familiares en otra provincia. El viaje de ida estuvo lleno de la realización de al fin manejar por mi propia cuenta en una distancia tan larga. Me sentía completamente satisfecha, dueña de mi misma.

El camino de regreso, cuando ya la emoción de la autonomía había pasado, sentí el viaje en su simplicidad. Y entendí a mi padre. 

Al contrario de lo que me solía pasar las primeras veces que manejé por las calles de la ciudad, la carretera se sentía amplia y despejada, a pesar de que habían varios autos más que como yo regresaban a sus casas, y manejar se sentía como si fuera una actividad que llevase haciendo por años, algo natural. Me sentí libre.

Personalmente, creo haberme sentido libre en varias ocasiones antes, fuera de mis propios fundamentalismos de este asunto de que todos estamos atrapados en nuestros mundos. Pero nunca así, nunca en un modo en que tienes la certeza de que volverás a ser así de libre una vez que te vuelvas a poner trás el manubrio.

Quizás en esos minutos, en esas horas, lo que busca mi padre mientras maneja es esa siempre furtiva sensación de libertad.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Logros...

He llegado a este punto en que la mayoría de las metas que me he puesto en la vida se encuentran al lado de un tick. Mi carrera está terminada -soy oficialmente profesional, soy madrina de un niño hermoso que es además mi primo, obtuve mi licencia de conducir... hay tantas cosas que han pasado en los meses de este 2017 que me han hecho preguntarme cuál es el siguiente paso. Por eso después de esta lista de logros, está exactamente esa pregunta: ¿Qué sigue?

Oh, siguen muchas cosas, pero estoy imposibilitada de realizarlas en el corto plazo y eso me hace sentir algo estancada. 

Había vivido hasta ahora en medio de los procesos que me llevaban a cumplir aquellos logros o viviéndolos plenamente. Pero en este momento no me encuentro en ninguno de esos planos y el día a día se me presenta fome, aburrido, monótono... ninguna de esas palabras presentan un gran aditivo a mi vida y eso desinfla mi ánimo. El que necesito para mis siguientes etapas.

Hoy en día, vivo a base de sueños y castillos en el aire para aquellos planes que no tienen fecha...


miércoles, 5 de abril de 2017

Houdini del siglo XXI...

Como en un acto de magia, apareciste de la nada cuando ya casi no te pensaba... Y luego volviste a desvanecerte como si nunca lo hubieras hecho...

Como te dije alguna vez, te haces una idea errónea de mí y de lo que quiero en esta vida... si vienes o si vas, en este punto, no me preocupa, porque no es una decisión cuyas consecuencias tenga yo que soportar... que vengas o te vayas, no afecta mi vida más allá de aquellas horas en las que tu espectáculo de aparición se desarrolla...

Sólo te observo... No estoy aquí para hacer las de ayudante del show...

Yo no (me) amarro a nadie.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

(No) Dueles...

Tengo esta necesidad en mitad del pecho de verbalizar el porqué no me dueles tanto como cabría pensar... No te debo explicaciones porque nunca fuimos nada realmente, pero aún así quiero hacerlo, para sacármelo del sistema... para sacarte un poco más a ti también...

Cuando tenía 15 años, y hasta pasado mi cumpleaños número 17, amé a alguien con todas mis fuerzas. Era la segunda persona a la que amaba, porque sí, a mis 23 años ya he amado dos veces, con la diferencia de que en esa segunda ocasión el amor se volvió concreto: él fue mi primer beso y mi primera pareja... sentía que el amor se había multiplicado dentro de mí sólo por esa razón.

Pero a lo largo de esos dos años, entre idas y venidas, él, que tenía mi corazón a su disposición, se encargó de romperlo una y mil veces, de destrozarlo y hacerlo añicos... No digo que no haya habido momentos buenos, porque los hubo a montones también, y tampoco digo que yo no haya sido mala con él durante esos años, porque lo fui... por inmadura, por inocente, por indecisa... pero el punto es que mi corazón fue un prisionero de su agridulce tortura durante dos años.

No fue hasta que reuní el coraje para salir de aquel círculo vicioso que pude darme el tiempo de reconstruir mi corazón y mi amor propio, y desde entonces he tenido años en los que me he dedicado a embalsamarlo con cariño y dedicación... tanto que hoy en día parece como nuevo, y cuenta con todas las comodidades de un corazón recién salido al mercado... pero no te engañes, porque bajo la apariencia de un neófito, este corazón trae un blindaje anti-balas... resiente el golpe, pero ya no se rompe...

Es así que tu efímera estadía en mi vida y tu arrebatador recuerdo no me duelen tanto como yo misma esperaba que lo hicieran... Subestimé a mi propio corazón... Te recuerdo, sí... Extraño esas pequeñas cosas que te hacen ser tú y que a mí me hacían sentir cálidamente bien... Pero no voy a derramar más lágrimas que las de aquella tarde derramé por ti... Porque no puedo, porque ya no soy ese tipo de chica... 

jueves, 8 de septiembre de 2016

Pensar(le)...

Cada día, cerca de la una y pasado las dos, olvido su rostro, se mezcla entre el mar de personas que he conocido a lo largo de mi vida... más larga que la suya... y no puedo negar que durante esos minutos me siento algo feliz, algo liberada, algo menos responsable...

Pero luego, sin que siquiera pueda darme cuenta del momento exacto en el que ocurre, han dado las tres y ya está su rostro clavado en mi memoria y detrás de mis ojos... y eso también me alegra, y me confunde, y me desestabiliza... Yo debería ser quien pone los límites, pero los deshago siquiera antes de materializarlos...

Pienso lo que no debería más seguido de lo que es sano y recomendable... Sólo me consuelo con paños tibios de experiencias anteriores y diciéndome que tarde o temprano esto será un recuerdo... probablemente uno bonito... o eso espero...

miércoles, 17 de agosto de 2016

Mirada...

Esos ojos... Podría caerme en esos ojos como en un pozo de agua viva y al mismo tiempo ahogarme, feliz y contenta, pero triste y desolada...

Una mirada tan joven, tan inocente, en ese cuerpo desenvuelto a la temprana adultez...

Aún no puedo poner en palabras lo que me provocó esa mirada que, sincera y probablemente, no intentaba decirme nada... pero me dijo demasiado...

Esos ojos... quizás vuelvan a rondarme los pensamientos esos ojos...

viernes, 17 de junio de 2016

Caminata...

Escribir sobre algo que no ocurrió... sí, claro que lo he hecho antes, pero en un modo platónico y casi que en clave... pero lo de hoy...

No me costaba nada; mis planes se habían ido algo por el desagüe, tenía tiempo de sobra, nada urgente que llegar a hacer a casa... ¿Qué me frenó?

Antes no hubiera sido un problema, de hecho, hubiera sido mi primera decisión, pero no fui... mis pies me dirigieron directamente al paradero más cercano y luego dentro del primer bus que me trajera de vuelta a casa. El parque estaba allí, en el lugar de siempre, una caminata en un fresco día como hoy... pero no eso ocurrió... Hoy, de todos los días, quizás era en el que más lo necesitaba y aún así...

Hoy fue un día de decisiones, comenzar a cerrar ciclos, necesitaba despejarme, pero... por una vez, el conocimiento de mi soledad me frenó. Quizás sólo haya sido hoy, por las mismas razones, porque se ve tan inminente mi paso a aquello que creía pan comido y que ahora me parece un abismo aterrador, quizás no sólo necesitaba despejarme sino que también alguien me diera una palabra de aliento o de calma... no sé...

Simplemente fue extraño darme cuenta de que me estoy deteniendo de hacer lo de siempre por algo que antes me parecía lo más normal... En días decisivos, las contradicciones pueden ser la regla y no la excepción...

lunes, 7 de marzo de 2016

Sentimiento sobre pensamiento (o viceversa)

Ver doramas me hace mal... definitivamente...

Creo que nunca he pensado más en la necesidad interna y personal de tener a alguien a mi lado que en el transcurso de ver un dorama... Ese amor, esa contención que se entregan los personajes; los ojos brillosos, las manos expectantes, los pensamientos alborotados, la divina ridiculez de la cursilería... Me alegra y me deprime un poco...

Es bastante contradictorio el sentimiento y la sensación de querer tener a alguien y, luego, pensar en mi realidad actual y mi ferviente (Y testarudo. Sí, testarudo más que nada.) pensamiento de que una historia amorosa en este punto de mi vida no tiene cabida... Terminar mis estudios y comenzar mi independencia tienen mayor relevancia y representan una prioridad más grande, de momento... Sigo pensando que una cosa y la otra son incompatibles, y aún así... El sentimiento sigue aquí sin importarle el pensamiento...

De todos modos, no importa cuánto mi corazón lo desee, no hay nadie a la vista que siquiera pudiera intentar llenar ese espacio vacío, y eso es lo que tiene a mi mente tranquila, pero a mi corazón inquieto de impaciencia...

lunes, 25 de enero de 2016

Desvariar...

En los últimos días me he sentido tan mal (físicamente hablando) que me he preguntado que pasaría si me muriera -es un pensamiento extremista, pero cualquiera en mi condición tiene derecho a pensar lo que quiera, créanme. Más que nada me ha alterado pensar qué imagen de mí tendría mi familia si, después de mi muerte, encontraran este blog.

Dos mañana atrás desperté sintiéndome como si mi estómago estuviera siendo bombardeado tal como lo fueron algunas ciudades durante las guerras mundiales, sin sentido y sin consideración por la vida. Mi estómago estaba tratando de informarme que tenía en mi cuerpo una dosis de pastillas farmacéuticas tan grande que si hubiera ingerido una dosis más de la recetada no estaría escribiendo esto. Repito: dosis recetada. 

No sé si alguna vez lo he mencionado, pero sé que a mis amigos, conocidos y familiares les he dejado más que en claro que el suicidio no cuenta dentro de mis opciones para dejar este mundo, ya sea por cobardía o valentía, no lo sé, pero simplemente no está en la lista.

Eso en claro, aparentemente la doctora que intentaba tratarme otra enfermedad interna, pero no delicada, me recetó una dosis más alta de la que mi cuerpo estaba dispuesta a tolerar y luego de dos días de de ingerir estas pastillas mi cuerpo me pidió detenerme. Obviamente, las alertas de mi cuerpo no se quedaron en este bombardeo estomacal, mi cuerpo me pidió sacar todo (repito: TODO) lo que había ingerido en las últimas horas. Fue un día horrible. Si aún tengo estómago y esófago es de suerte.

Para hacer el resto de esta historia poco placentera algo más corto, los dos días que subsiguieron a ese no fueron mucho mejores. Dejé de devolver todo lo ingerido, pero mi estómago -y aparentemente cada órgano ubicado entre mi cerebro y mis riñones -se niega a realizar sus funciones habituales debidamente sin quejarse; y yo me he tenido que limitar a imitarle.

Aún me siento débil, pero deberé juntar las fuerzas necesarias para continuar con mi actividades normales porque al parecer el mundo no se detuvo durante mi convalecencia y ahora exige que me una al ruedo.

Volviendo al punto inicial de esta entrada, pensaba en aquello. Si me muero y mi familia encuentra este blog al buscar en mi computador, ¿qué pensaría de mí? Todos alguna vez hemos escuchado la historia de aquel o aquella joven que se murió y luego sus padres encontraron su diario de vida o una carta o su cuenta de Twitter o de qué sé yo y conocieron una parte de su hijo o hija que no conocían sino hasta entonces. 

Creo que puedo decir que he dejado que mis padres conozcan casi todo de mí. Y quizás sea ese casi el que me asusta. Nadie le cuenta todo a sus padres, y no porque no les tenga confianza sino simplemente por el hecho de que son tus padres. Aún así, no quisiera decepcionarlos. Y no creo que lo haga, o eso espero -esperaría. Después de todo, ésta es quien soy o una parte de aquella que soy, probablemente la parte más emocional, pero no la menos válida.

Creo que ya empecé a desvariar, de nuevo.

sábado, 13 de junio de 2015

¿Quién?


Ahora no tengo nada más que mil fotografías tuyas en mi disco duro. No tengo nada más que el recuerdo de lo que fueron estos más de cinco años.

Por la mierda, cómo te extraño ya.

¿A quién voy a abrazar ahora antes de quedarme dormida? ¿Quién me va a despertar a las cinco y media de la mañana porque quiere comida o porque quiere salir? ¿Quién se va a sentar en mis piernas mientras tomo desayuno? ¿Quién se va a acariciar contra algún libro en mis manos o contra la tablet porque siente que no le estoy prestando atención? ¿Quién se va a ir a esconder detrás de mis columnas de libros? ¿Quién me va a mirar con esos ojos redondos esperando a algún movimiento para salir corriendo y jugar? ¿Quién me va a acompañar a ver películas? ¿Quién me va a maullar para poder colarse entre las sábanas? ¿Quién más va a creer que mi mano es un gigante devorador de gatos? ¿Quién va a escuchar cada uno de mis estúpidos monólogos? ¿Quién se va a sentar sobre mis cuadernos? ¿Quién me va acompañar cuando me sienta sola? ¿Quién va a estar conmigo en esos días en que ni salir de la cama me parece una buena idea? 
Porque hoy es de esos días y tú ya no estás. Y probablemente mañana también sea de esos días y tampoco estarás. 

Porque tuve cinco años para acostumbrarme a ti, a tus mañas y a tu dulzura, pero no tuve ni siquiera un último adiós que le hiciera introducción a esta pena de mierda que siento y que quizás no se vaya en mucho tiempo.

Cuánta falta me vas a hacer. Cuánta falta me haces ya.

martes, 28 de abril de 2015

Funeral...

Thankful by Manyfires
The wind suffers of blowing, 
The sea suffers of water, 
And fire suffers of burning,
And I of a living name.

As stone suffers of stoniness,
As light of its shiningness,
As birds of their wingedness,
As I of my whoness.

And what the cure of all this?
What the not and not suffering?
What the better and later of this?
What the more me of me?

How for the pain-world to be
More world and no pain?
How for the old rain to fall
More wet and more dry?

How for the wilful blood to run
More salt-red and sweet-white?
And how for me in my actualness
To more shriek and more smile?

By no other miracles,
By the same knowing poison,
By an improved anguish,
By my further dying.

(Laura Riding)

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No voy a llorar (porque eso ya lo hice), ni voy a decir que me arrepiento de no haberle dicho lo que pude haberle dicho y lo que usted se merecía escuchar porque por lamentaciones usted no va a volver a la vida.

No es primera vez que se muere un hombre al que considero importante en mi vida, no era primera vez que usted tenía la suya pendiendo de un hilo. Ambos combatimos. Usted más que yo, claro. La vida es como es, y no hay quien la detenga... más que la inevitable.

Everybody suffers of their whoness, ones more than others. Usted hizo su pelea y por eso siempre le llevaré en mis recuerdos, y será motivo de inspiración cuando sienta que la fuerza me falta.

No es necesario vivir una vida larga cuando se la vive bien, espero no equivocarme al decir que usted supo tener las dos.

jueves, 9 de abril de 2015

Suspensión...

Me gusta lo que hago, me gusta donde estoy, me gusta como soy... Pero definitivamente tengo la sensación de que me pica el ser y el estar y quedarme y acomodarme a lo actual... Quiero moverme...

Ya va un mes de la vuelta a clases. Un nuevo semestre, nuevos ramos, nuevos profesores... Pero nada es novedad...

Tengo ganas de largarme, poner mi ropa en una maleta y ponerme a recorrer Chile, volver a Bariloche (lo conocí hace tan poco, pero lo amé. Libros y chocolates: el paraiso), conocer otros lugares... o simplemente meter todos mis bártulos en mis maletas y largarme a Chillán y encerrarme y no ver a nadie ni pensar en nada... ni en responsabilidades ni en obligaciones ni en... nada


Y no es que quiera alejarme de la gente, pero quiero paz... y no creo nunca haberla conseguido con gente a mi alrededor... Qué frustración.

Amo lo que hago, amo lo que quiero llegar a ser... Enseñar y poder ayudar... ¿Existe algo más lindo?

Pero no puedo, perdón, no quiero seguir aquí... o al menos, necesito un descanso... extenso...

Quizás sólo necesito algo en mi vida que la cambie un poco, que me haga sentir que no estoy detenida en el espacio sin sentido alguno... algo que me muestre que hay algo más por hacer... Y no sé qué es... 

viernes, 6 de febrero de 2015

Corte...

Hoy fui donde mi peluquero para realizarme el corte del año... y no lo digo de modo pomposo sino porque realmente suelo cortarme el pelo sólo una vez al año... Allí frente al mismo espejo con el que me había encontrado por primera vez en febrero de 2011, por alguna razón, recordé aquella ocasión...

Quería dejar una etapa atrás, quería por fin dar vuelta una página, el primer paso en un camino hacia adelante, cerrar un libro que me estaba costando mucho terminar... acabar una relación que para aquel entonces ya no era una relación y que me estaba desgastando emocionalmente... Normalmente había llevado mi pelo semi-largo -así por casi toda mi vida- sin jamás pasar de mi hombro hacia arriba... pero ese día reuní el valor y salí de mi casa sin decir una palabra a nadie rumbo a ver a un peluquero a quien nunca antes le había confiado mi cabello para hacer lo que sabía alejaría a aquel personaje de mí y a mí de él...

Años más tarde cuando una persona me preguntó por qué me había cortado tan corto el cabello la primera vez (ya que luego con el tiempo lo he vuelto a hacer, pero por otras razones mucho más prácticas que sentimentales), le respondí exactamente eso: quería cerrar una etapa y sabía que cortándome el cabello lo lograría... Mi respuesta sacó una exclamación de sorpresa e incertidumbre, y recibí la aseveración de que sólo en las películas/novelas ocurría eso... Mi vida está lejos de ser una historia para narrar, pero he de reconocer que algunos momentos le darían un buen condimento a alguna...

Me senté en la butaca y me hundí en ella, un poco literalmente, casi una eternidad en lo metafórico... El peluquero me preguntó si quería algún corte en especial o sólo quería cortarme las puntas... Como una autómata que se ha repetido mil veces lo que tiene que decir le dije que lo quería cortar todo, hasta la altura del rostro... A través del espejo recibí su mirada de duda... ¿Segura?, me preguntó... Sí, le respondí...

Cuando llegué hoy, mi peluquero me recibió con una sonrisa, me dijo que pasara y me ofreció la misma butaca de siempre... Me puso aquella capucha con la que esperaba cubrirme de los cabellos que estaban por desprenderse de mí y me preguntó: ¿Lo de siempre? 

Mojó mi cabello y marcó la partidura... el primer tijeretazo que se llevó consigo un mechón considerable de mi cabello se sintió como una incisión en el corazón... Se me hizo un nudo en la garganta... A la medida que la tijera se siguió moviendo mis ojos se volvieron brillosos... Hasta el día de hoy me pregunto cómo me las apañé para no llorar... Eso era un auténtico adiós sin palabras...

Esta vez tuve la satisfacción de decir: Sólo las puntas...

Cuando acabó de cortar la mayor parte, tomó la navaja y remató... dando el toque final a su obra y el último estoque en lo que me quedaba de corazón...

El único sentimiento que no me abandona desde la primera vez, es aquel al salir y sentir que además de haberme quitado literalmente un peso de encima, realmente me siento más ligera... casi renovada... Sinceramente, ir al peluquero me sale mucho más barato y mucho más productivo que un psicólogo... sin querer herir susceptibilidades...